Por Verónica Camaño
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No será el marco de la cara, pero está ubicada en el centro y es lo primero que resalta. Hay quienes dicen que su tamaño es directamente proporcional a la personalidad pero también hay mujeres y hombres que son víctimas de su existencia y viven acomplejados por ella. Y las famosas locales no son la excepción. Cada vez son más las que deciden ingresar al quirófano para enderezarla, achicarla, respingarla o todo a la vez.
Griselda Siciliani, la bella novia de Adrián Suar, decidió retocarse la nariz para sentirse un poco más segura frente a las cámaras y la vida. Hace unas semanas salió a la luz que la madre de Patito en la ficción había faltado a las grabaciones de la tira infantil por una licencia médica a raíz de una fuerte gastroenteritis, pero la verdadera razón de su ausencia fue la rinoplastia que le practicaron para transformarla en una auténtica divina, aunque aún con su antigua nariz muchos admiraban su belleza. Los profesionales recomiendan una licencia de más de un mes para que baje la hinchazón, pero la actriz volvió al set de grabación antes de tiempo. Y no fue una buena idea. Parece que la pareja de Suar no pudo contener las lágrimas al verse en los monitores, no conforme con su nueva adquisición.
Letizia Ortiz, la princesa de Asturias, es el ejemplo internacional de cambio de look nasal. Según fuentes del palacio de la Zarzuela, la esposa de Felipe de Borbón se sometió a una intervención llamada septorrinoplastia para mejorar unos supuestos problemas respiratorios que sufría, causados por la desviación de su tabique. Pero lo que sería una operación para mejorar su salud, terminó siendo un cambio positivo en su ex nariz aguileña.
Adabel Guerrero, además de reconocer que se sometió a un rejuvenecimiento vaginal, entre otros retoquecitos en el resto de su cuerpo, también mejoró su nariz. Y, aunque su ex reclame el dinero que supuestamente invirtió en ella, la vedette disfruta hoy de uno de los mejores momentos de su carrera. Otra exponente femenina que potenció sus encantos con la ayuda del bisturí fue Mónica Ayos. La ex vedette convertida en actriz consagrada ya no se pasea semidesnuda ni con conchero a cuestas, pero sigue pendiente de su imagen. Su primera cirugía estética fue en el ’93, para mejorar su delantera luego de tener a Federico, su primer hijo. Y la segunda data de fines de 2007. La esposa de Diego Olivera confesó en una entrevista el complejo que tenía con su nariz, heredada de los genes paternos. Por eso, como muchas otras, decidió consultar al cirujano Daniel Grillo quien le hizo un leve cambio nasal que mejoró su perfil y aumentó su autoestima.
Tendencias. Los cirujanos aseguran que el ranking de las cirugías estéticas más pedidas varía de acuerdo al sexo y que las mujeres son las que más complejos nasales tienen. Para ellas, en primer lugar, está el implante mamario, en segundo la lipoaspiración, tercero las cirugías de rejuvenecimiento facial –como el lifting y la blefaroplastia– y recién en cuarto lugar, la de nariz. Para los hombres la nariz también ocupa el último lugar, mientras que el podio lo ocupan el lifting facial seguido por lipoaspiraciones y el implante capilar.
La primera condición para realizarse una operación de nariz es haber completado el desarrollo, que se da después de los 16 o 17 años de edad”, informó a 7 DÍAS Francisco Famá (vicepresidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires) quien aclaró que no hay ningún otro límite para la intervención, ya que es una operación de bajo riesgo que se practica con anestesia local. “La relación entre lo que el paciente quiere hacerse y lo que se puede parte de la evaluación del profesional según cuán acorde sea lo deseado con sus facciones”, agregó.
Dependiendo del profesional a cargo, en la Argentina una rinoplastia puede costar entre 2 mil y 5 mil dólares. Por esa razón, el común de las personas debe pensar más de dos veces si decide quedarse con lo que la naturaleza le dio o aceptar la nariz “al natural”. De todas formas, contrario a la tendencia de los famosos locales, cada vez se hacen menos rinoplastias y más implantes mamarios. “Tal vez es una cuestión social, hay más aceptación o quizá hoy se le da más importancia a otras operaciones que hace 30 años no se conocían como la lipoaspiración o el implante mamario”, cuenta Francisco Famá, vicepresidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires.
Según el especialista, hoy, lejos de la tendencia de los ’70 u ’80, la nariz tiende a corregirse de una forma más natural y diferente de la manera artificial, chiquitita y respingadita que se practicaba hace algunos años. Tal vez ésa es la respuesta a por qué ciertos personajes de la farándula portan narices idénticas. Es el caso de narices como la de Silvia Montanari o Adriana Brodsky, que tuvo que sufrir múltiples operaciones para mejorar una mala pasada por el quirófano.
EL DILEMA DEL BISTURÍ. Qué hermoso sería un mundo en donde la palabra estética no apareciera en el diccionario y lindos y feos viviesen en armonía. Pero la realidad es muy diferente. “Hay una presión social por lograr un cierto modelo de belleza que se ha incrementado y se ejerce si encuentra en la persona un terreno predispuesto”, explicó a 7 DÍAS el psiquiatra Juan Manuel Blanco (presidente de ICCAP).
Según el doctor, quienes tienen cierta vulnerabilidad psicológica ligada con la autoimagen y una pobre valoración de sí mismos en general “manifiestan esa disconformidad consigo a través de su cuerpo cuando en realidad no están conformes con ellos mismos en todo su conjunto”.
Sin embargo, a veces, una intervención puede venir bien: “Si hubo en la vida social un rasgo en particular que generó problemas, a veces el mal menor es afrontarlo con una cirugía. No toda intervención debiera estar condenada o vista desde un perfil psicológico negativo. Sobre todo si se trata de un área concreta donde hay un objetivo que lo avala”, concluyó el psiquiatra.
Por eso, si el médico se lo recomienda, hay veces en que el bisturí es la mejor opción. Porque no hay push-up que la levante o faja que la disimule. La nariz simplemente es. Y frente a la realidad sólo hay dos caminos. O llevarla con orgullo, o correr al cirujano amigo.