Entrevistas
7 Dias
Rodrigo Guirao Diaz
"De chico usaba aparatos y la tenía que remar con las mujeres"
Fotos: Roberto Castro
09-02-2010 /
El galancito favorito de las teens rueda una miniserie para la TV europea. Su pasado como electricista, los fracasos amorosos de la adolescencia y las ventajas de la fama: “Entrar gratis a los boliches y que te regalen champagne es maravilloso”.
Por Gastón Rodriguez
Fotos: Roberto Castro
(enviados especiales)
Histeria, caos y un alboroto hormonal que amenaza con llegar a la escala de Richter. Todo por culpa de Rodrigo Guirao Díaz y su incansable buena predisposición para las fotos, los besos y los autógrafos. “¿Sabés por qué no me la creo?”, pregunta el galán en pleno acoso. “Porque esto me agarró de grande. A los 22 empecé como modelo publicitario y recién a los 24 arranqué en la tele, pero yo trabajo sin parar desde los 16”, avisa, dos segundos antes de que la madeja de niñas y adolescentes afiebradas lo devore de nuevo en una playa del sur de Mar del Plata.
Porque antes de ser un actor con proyección internacional (hoy se encuentra rodando una miniserie para la RAI que se verá en toda Europa) y un chico póster (empezó en el medio como modelo publicitario) Rodrigo fue electricista, técnico electrónico, mozo y cadete. “¿Si como electricista me pasó lo mismo que como jardinero de Araceli González en ‘Amas de casa desesperadas’? Nada que ver. Eso sólo pasa en las películas”, se sincera el muchacho de facciones esculpidas y luego agrega: “A mí lo único que me pasaba es que todos me miraban con cara rara y me preguntaban: ¿en serio vos sos el electricista?”, recuerda entre risas. Sin embargo, esa currícula extensa es la que, según sus propios dichos, le forjó la madurez necesaria para no empalagarse con las mieles del éxito y la notoriedad.
“Cuando empezás la fama te encanta. Eso de poder salir con tus amigos y entrar gratis a los boliches y que encima te regalen una botella de champagne es maravilloso. Son etapas que están buenísimas y que agradezco haberlas vivido”, añora algo nostálgico.
–¿También es un agradecido a su aspecto?
–No pienso en eso aunque seguramente me ayudó. Creo que todas las ventajas que uno tenga las tiene que aprovechar al máximo. No sirve pelearse con lo que está a la vista. Por ejemplo, gracias a los casting y las publicidades pude pagarme las clases de teatro. Soy un agradecido de tener lo que tengo.
–¿Esa ventaja estética hace que los demás desconfíen de sus capacidades?
–No siento que tenga que demostrarle algo a los demás sino a mí. Me interesa progresar y aprender algo nuevo de cada trabajo.
–¿Se considera bueno en lo que hace?
–Si te digo que estoy ciento por ciento conforme te estaría mintiendo. Algunos días estás conforme y otros sentís que te faltó algo. El oficio del actor es mucho más complejo de lo que la gente se imagina y siempre se puede mejorar. Personalmente, disfruto de que me quede mucho por aprender, eso me mantiene despierto y con ganas.
–¿Recuerda alguna crítica despiadada con respecto a usted?
–No recuerdo ninguna. Por ejemplo, en “Amas de casas desesperadas”, que fue mi papel más popular, recibí buenas críticas, incluso, algunas todavía las conservo. Yo pido que me guarden todo lo que sale de mí en una carpeta por si viajo afuera y no me conocen.
–Una difícil. Cuénteme algún fracaso amoroso.
–No me beneficia contar esto en una revista pero tuve miles. Yo tengo 30 años, pero parezco de menos, así que imaginate lo que parecía cuando tenía 16. Además, usaba “aparatos” así que la tenía que remar mucho. Fueron años muy duros.
–Pero después se desquitó.
–La verdad que sí. Te diría que sacando este último año en que estoy de novio a mí la fama me agarró siempre soltero (risas).
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