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La modernización de Cohíba
Estreno: Los nuevos Cohiba, son hechos a mano y con hojas “medio tiempo”.
27-01-2010 /
Antes que el anillo negro y amarillo del Cohíba se convirtiera en símbolo de la plutocracia, este habano era el favorito de la élite revolucionaria insular.
Por Nick Foulkes
Una tarde de fines de noviembre impregna de calor y humedad el interior de una mansión del siglo XX que alberga la sede mundial de Habanos S.A., empresa que produce los cotizados puros cubanos. Un intenso sol transparenta el aromático humo de un habano y cae sobre la mesa de la sala de reuniones, donde repentinamente impera el silencio. Acabo de pronunciar dos palabras que parecen tener el influjo mágico de un encantamiento de Harry Potter: medio tiempo. En términos de la industria tabacalera cubana, la expresión se refiere a un par de hojas pequeñas en la punta más alta de la planta de tabaco, pero no cualquier planta de tabaco, sino la legendaria y casi mítica variedad que, antiguamente, sólo se utilizaba en contadas ocasiones. En consecuencia, los verdaderos devotos del habano guardan un reverente silencio cuando se mencionan esas santificadas hojas.
A decir verdad, nunca había oído hablar del “medio tiempo” hasta aquella mañana, cuando hice un recorrido turístico guiado por la fábrica El Laguito, donde esas hojas forman parte de una nueva mezcla que volverá a introducirse en la marca más revolucionaria del planeta: Cohíba. Antes que el anillo negro y amarillo del Cohíba se convirtiera en símbolo de la plutocracia, este habano era el favorito de la élite revolucionaria insular. Se cuenta que, en 1963, el chofer de Fidel Castro se encontraba sentado en el Oldsmobile de “El Comandante”, disfrutando de un cigarro que le había torcido un amigo y Fidel quedó tan impresionado por el persistente aroma que le pidió uno. Al parecer, lo disfrutó tanto que dio al torcedor, Eduardo Rivera, la solemne responsabilidad de entubar sus puros. Por razones de seguridad, Rivera tenía que cambiar varias veces de fábrica y en ocasiones, enrollaba los habanos en su casa; incluso cuando se creó la fábrica para producir Cohíba, el sitio fue acondicionado con un operativo de alta seguridad debido a rumores de que la CIA estaba buscando la manera de hacer llegar un habano explosivo al Líder Máximo. Hasta hoy, la marca permanece envuelta en un aura de misterio y sigue siendo, con mucho, la tabacalera más difícil de visitar; si a eso aumentamos que la importación de Cohíba es ilegal en Estados Unidos, su mística se eleva.
Al poco tiempo de aquel incidente, los elegantes habanos se hicieron parte tan integral del look revolucionario como la barba y la ropa militar, gracias a que el Che sentenció que jamás había fumado un habano mejor. El nombre Cohíba fue tomado del vocablo taíno que describe al manojo de hojas de tabaco que Colón viera fumar a los indígenas de la isla.
Hoy, con el Che muerto hace varias décadas y con Castro que ya no fuma habanos, Cohíba se ofrece al público, representando casi 20 por ciento del valor (aunque sólo 12 por ciento de la cantidad) de la producción anual de habanos en la isla. En la actualidad hay más de una docena de tamaños en la marca Cohiba, que abarcan desde el flacucho Panetela hasta el robusto Siglo VI. Sin embargo, lo que justifica la reputación (y el precio) del Cohíba es la calidad del tabaco cultivado en las cinco mejores plantaciones de la región Vuelta Abajo, así como la fermentación adicional dada a las hojas de relleno, responsables del sabor. Aunque las hojas de los habanos comunes se fermentan dos veces, las utilizadas en los Cohiba llevan una tercera fermentación que reduce su acidez y conte- nido de nicotina, todo lo cual contribuye a su suavidad.
Ahora bien, ¿cómo mejorar lo inmejorable? Tal era la interrogante que enfrentaba la industria tabacalera cubana mientras se esforzaba por satisfacer a los aficionados que ansiaban un habano más rico y grande. Hasta hace poco, se decía que los tabacos cubanos debían rellenarse con tres tipos de hojas de tabaco: los “volados”, de poco sabor, son las hojas de la parte más baja de la planta y su principal función es la combustión; las hojas “seco”, de la parte media, imparten algo del sabor y el aroma; mientras que las hojas “ligero”, cosechadas de la parte superior de la planta, son las que dan el poder al habano. Pues bien, a este triunvirato hay que añadir ahora el “medio tiempo”, como cuarta y última capa.
El próximo mes estarán a la venta los primeros habanos posrevolucionarios, hechos a mano e incorporando hojas de “medio tiempo”, bajo la denominación Cohíba Behike, una versión de singular robustez. El calibre del habano se determina mediante un cepo (tabla de madera con un agujero de una determinada medida, por el cual se hace pasar el puro para comprobar su grosor) de 1/64 de pulgada. Por ejemplo, el Cohíba original, “Lancero”, tiene un calibre o cepo de 38; en contraste, los nuevos Behikes sólo se ofrecerán en calibres de 52, 54 y 56, con longitudes ascendentes: es decir, tamaños L, XL y XXL. Durante mi estancia en Cuba, tuve la suerte de probar uno de estos colosos, sabiendo que era un habano experimental y que la mezcla final todavía no había sido definida.
Excepto por la mandíbula dolorida, el encuentro con el nuevo habano me infundió un nuevo respeto por la marca Cohíba. Lo sorprendente es que, no obstante la fuerza del “medio tiempo”, el habano no resulta agobiante; todo lo contrario, contiene unas sutiles notas de cedro y vainilla que se liberan con una cremosa suavidad que integra el sabor. El Cohíba Behike se producirá en cantidades muy limitadas y los afortunados aficionados que lo consigan experimentarán una experiencia casi religiosa. Por todo lo anterior, la descripción más apta que se me ocurre está tomada del libro de Jueces del Antiguo Testamento, que resume a la perfección el placer del Behike: “De la fuerza salió la dulzura”.
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