Veintitres
Luly Salazar
La metamorfosis
Foto: Veintitrés
18-11-2009 /
La sex symbol acaba de sumar otra cirugía a la extensa lista de operaciones en su cuerpo. La obsesión de algunas mujeres con la imagen distorsionada que les muestra el espejo. ¿Víctima de la dismorfofobia?
Como si fuera la representación humana del cartoon de Bugs Bunny, la diminuta Luciana Salazar –ahora mejor conocida como Luly Pop después del estreno mundial de su música en lo de Susana Giménez– expuso una renovada dentadura blanca azulina con todas las piezas del mismo tamaño y grosor. La sex symbol por antonomasia de todos los argentinos intentó cerrar su boca en pos de darles un escondite al novel racimo de molares en el desfile de Ricky Sarkany, pero no pudo. Allí mostró en primera vuelta que se había entregado a manos de un profesional de la cirugía, una vez más.
Luly saltó a la fama en los albores del siglo XXI, cuando era una estudiante de Derecho que abandonaba la carrera porque “las compañeras me miraban mal por envidia”. Intentaba iniciar un camino en la moda y hacía la campaña del zapatero más famoso, Sarkany. La única cirugía que exponía en ese entonces era la de unas desbordadas siliconas en sus pechos, que le daban la alegría de “sentir que se me juntan en el medio”. Su madre, en cambio, optaba por el llanto desconsolado ante la desmesura del centimetraje cúbico. Corría el 2002 y con sólo 21 años, la modelito explotaba en las pasarelas. No fue la única explosión. De ahí en más, Salazar entró y salió de quirófanos varios, más veces que cualquier señora con más de sesenta años. No se conoce otro exponente del showbiz, que con sólo veintitantos años haya invertido tantos miles de dólares y tanto tiempo en una mutación constante y crónica. “El extremo más grave se denomina dismorfofobia y la sufren las personas que viven obsesionadas con la imagen distorsionada que les muestra el espejo. Encuentran imperfecciones de todo tipo, hasta las más extrañas, en donde no existen”, explica el psiquiatra y psicoterapeuta Marcelo Hernández. Entre la decisión de entregar el cuerpo al retoque o a la corrección de algún sector hasta la patología, hay escalones en el medio. “Hace cinco años, el New York Times hizo un estudio donde relevó que en la Argentina se duplica el índice de morbilidad (enfermedad) en este sentido. El origen es la disconformidad, que no siempre tiene que ver con lo real”, agrega.
Después de que Luly se posicionara en las pasarelas del show, se hizo “cola de ceja” (la intervención que achina y eleva los ojos, y levanta la ceja) y se rellenó los pómulos. No contenta con el resultado, al tiempo limó el hueso de su nariz. Al rato, inoculó gel en sus labios porque los veía demasiado finos. De aquí en más, los rellenos fueron consuetudinarios. Nueva nariz, botox, ácidos hialurónicos, y boca inflamada mes a mes. Incluso se dice que, además de los electrodos que inyecta en su cola semana a semana, se colocó una prótesis en los glúteos, por debajo del músculo para evitar cualquier suspicacia como con las colas hechas de Adriana Aguirre, Graciela Alfano o Laura “Panam” Franco.
El ejemplo noventista de desborde de bisturí fue el que sufriera Raquel Mancini, que casi le cuesta la vida. Divina entre las divinas, la modelo se puso siliconas, se lipoaspiró entera –aquí el riesgo– y se rellenó los labios queriendo emular a la modelo top española Esther Cañadas, pero convirtiéndola en el hazmerreír de las fiestas. Ella negaba todo. Decía que todo era fruto de una ortodoncia bestial. “El problema de estas mujeres es que el espejo no les devuelve una imagen real. Es pura subjetividad. Entran al quirófano y tienen calma por un rato, pero rápidamente encuentran otro detalle para ir a la consulta. El asunto es que a veces no encuentran límites en los cirujanos y se establece una complicidad nociva”, explica Hernández.
Decenas de miles de dólares, o a puro canje, Luly Pop seguirá internando su cuerpo en pos de una metamorfosis perenne. ¿Calmará sus ansias? Ni ella lo sabe. Entabló una lucha perdida contra su cara original. Ahora, la cirugía le regaló otra. Que, evidente, aún no la conforma n y
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