Cruce 1: Verbitsky vs. Lanata
Dicen que es aburrido
En el reportaje en la revista Noticias del 3 de octubre último, Horacio Verbitsky afirmó que Lanata lo sacó del programa Día D por pedido del empresario José Luis Manzano, uno de los dueños de América TV. Lanata le replicó a Verbitsky en una entrevista de Jorge Cicuttin en la revista Veintitrés. Allí señala el fundador de Página: “Lo conozco desde hace mucho a Verbitsky y nunca pude tener una relación personal, entre otras cosas por una cuestión generacional. Somos distintos. En el ’70 yo tenía 10 años, no te puedo decir qué hubiera hecho entonces, pero probablemente no hubiera sido montonero. Él sí”. Y agregó: “El Perro antepuso siempre la política al periodismo.
Estuviera donde estuviera. Y yo siempre hice lo contrario. En algún momento en Página 12 me pasó que había una información muy importante y el Perro se la pasó a Clarín y cuando yo lo increpé me dijo: ‘Bueno, era importante que saliera en un medio más grande’. Yo lo quería matar, porque soy periodista y la quería sacar yo. Hoy el Perro es un político trabajando en prensa. Y lo hace por convicción, no por la plata. Pero creo que por una cuestión de consideración hacia el público lo tendría que decir”.
Pero el distanciamiento llegó a partir de Día D. “Se nos ocurrió llevarlo a la tele –cuenta Lanata–. Y no estaba mal lo que hacía, pero contrastaba mucho con lo que hacíamos los demás. Es un tipo grande que tiene sus tiempos, y es muy poco abierto a la crítica. O sea, era difícil tratarlo. Cuando pasamos de estar todos los días a una vez por semana, yo discuto con Claudio Martínez, que en aquel momento era mi productor, y llegamos a la conclusión de que con ese formato iba a ser aburrido tener al Perro. Era mejor llamarlo cada tanto y no tenerlo fijo, todos los programas. Fue una cuestión funcional, del laburo. Y tuvimos la mala leche que una semana después, en una nota, José Luis Manzano (que había comprado parte de América) dijera que no le gustaba Verbitsky en Día D. A partir de allí y como el Perro no puede creer que lo saqué por aburrido, cree que lo sacamos por un complot. Está equivocado. Sería bueno que les preguntara a todos los que laburan conmigo si yo los defiendo o no. Es algo que hago como conducta desde siempre; si Manzano me hubiera pedido la cabeza de Verbitsky no se la hubiera dado, hubiera levantado el programa. Pero no sólo por él, no se la hubiera dado por mí, porque sé que eso empieza con Verbitsky y termina conmigo”.
“El Perro”, en tanto, el fin de semana siguiente a la entrevista en Noticias aclaró en un recuadro de su habitual nota dominical, bajo el título “Acerca del odio”: “La semana pasada fui entrevistado por la revista Noticias. Cuando me preguntaron por mi relación con Jorge Lanata sugerí que buscaran el reportaje de esa misma revista del 22 de febrero de 2003 a José Luis Manzano, quien dijo que se oponía a que yo siguiera trabajando en su canal. Pese a la carta de intención que habíamos firmado con Lanata para la continuidad en el programa, recién al ver la primera edición, en marzo, comprobé que Manzano cumple. Los periodistas querían que les contara esa historia. Me negué y les expliqué que Lanata no era mi enemigo, que el villano de esta historia es el empresario que hizo la acumulación primitiva con el robo para la corona. Titularon la nota ‘La razón secreta del odio’, todo lo contrario de mi opinión. Es una idea del periodismo que no comparto”.
Cruce 2: Verbitsky vs. Bielsa
De titubeos y médium
Le dijo Verbitsky a Noticias: “Tenía información de que Rafael Bielsa, que presumiblemente iba a ser ministro de Justicia, estaba negociando con el general Brinzoni y la Corte Suprema el cierre de los juicios a militares. Entonces estaba muy prevenido y en un momento de la conversación le dije que para mí ese diálogo era un diálogo condicionado a lo que fuera a hacer su gobierno en esos temas, porque yo veía lo que estaba tramando Bielsa”. Una semana después, el ex canciller le respondió en la misma revista: “(...) Verbitsky afirma que conoció titubeando a Néstor Kirchner porque yo andaba en tratos con el fallecido general Brinzoni para exculpar a genocidas. Por aquellos años, yo no compartía su celo respecto de Kirchner: tenía certeza de ser uno más dentro de proyecto que iba a materializar muchas de las cosas que hoy Verbitsky vitorea como frutos propios. Yo sigo en el mismo lugar. (...) Para nuestro héroe Verbitsky, la verdad es fugaz. Por eso, tampoco es la misma la explicación que ofreció sobre mi relación con Brinzoni el 25 de mayo del 2003 (Página 12), según la que luego de que el general llegara a ‘convencerme’ de que ‘nada menos que 300 oficiales en actividad del Ejército serían detenidos’, yo corrí a repetir el número ‘con ingenuidad (...) en declaraciones al diario La Nación’. Urgido por restablecer la justicia, su hocico bidente omitió decir que también se lo relaté a él. Conocí a Brinzoni en la Sigen, y lo vi dos o tres veces. Si se trató de una negociación, sin dudas que lo fue express, como lo es la pluma de Verbitsky, y a cielo abierto, como jamás son sus intenciones. Más tarde, volvió a cambiar de idea (Página 12, 25/3/2007), cuando yo era candidato a gobernador de Santa Fe y él suspiraba por Binner: ‘El último intento de reimplantar la impunidad fue realizado en los días previos a la asunción de Kirchner, en una combinación de la que participaron el senador a cargo del Poder Ejecutivo Eduardo Duhalde, el futuro ministro de Kirchner Rafael Bielsa, el entonces jefe del Ejército Ricardo Brinzoni’. Más allá de la ordinaria operación de prensa –porque jamás asistí a semejantes reuniones si es que existieron–, menciono ciertos hechos dirimentes: conocí al ex presidente Duhalde algunos meses después de asumir como canciller, y acaso luego de la muerte de Brinzoni. Pero podemos concederle a nuestro paladín septuagenario, retozón y acrobático virtudes de médium. Tampoco parece ser una actitud digna de la devoción actual de Verbitsky por Kirchner, que en ‘castigo’ por mi intriga el ex presidente me ‘arrancara los galones’ mandándome en penitencia desde Justicia a Relaciones Exteriores. En el plano de los sentidos, para el gusto asquea y para el olfato apesta. El rigor que usa Verbitsky para intentar deteriorar la integridad de los demás es simétrico al que usa para disimular la sordidez de la propia. Si en materia de degradación siempre es posible descender un paso más, lo peor está por venir. No en Noticias, que me daría derecho de réplica; pero quizás en Página 12. Sólo para evitar que lo ponga en evidencia por mentiroso”.
Cruce 3: Verbitsky vs. Bonasso
De testimonios y réplicas
En la edición del domingo 4 de octubre, Horacio Verbitsky acompañó su nota “La lección” con un recuadro titulado “Obligaciones” (
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-132879-2009-10-04.html) en el que señaló: “La fiscal general Mabel Colalongo ofreció el testimonio del diputado nacional Miguel Bonasso, autor de la novela Recuerdos de la muerte, en el juicio que se desarrolla en Rosario por los crímenes cometidos durante la dictadura en la denominada Quinta de Funes, una casa operativa del Cuerpo de Ejército II. Bonasso se excusó de concurrir dadas sus obligaciones como diputado nacional y pidió que le enviaran las preguntas para responder por escrito, es decir sin repreguntas del ministerio público ni de las partes. Su actividad más notoria en el Congreso desde que se iniciaron las audiencias en Rosario fue votar en contra de la reforma de la ley de medios de la dictadura”.
El diputado y periodista Miguel Bonasso le respondió el 15 de octubre con una carta que tituló “Verbitsky, Página 12 y el derecho a replica” y que hizo circular por correo: “(...) Verbitsky juzgó mi conducta como diputado respecto a la ley de medios y como ciudadano ante el juicio sobre la represión clandestina en Rosario, a partir de datos falsos, perfectamente refutables con sólo consultar una agenda o el Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación. En el copete de la columna aludida dice textualmente: ‘Por oponerse a la ley, Bonasso no fue a declarar en Rosario’. (...)
“Vamos por partes: la ley de medios fue votada el miércoles 16 de septiembre pasado en Diputados y la audiencia para la que fui citado fue el martes 23 de setiembre. O sea: nunca pude haber dicho que no iba para quedarme a votar en contra de la ley de medios por el simple hecho de que ya había sido votada una semana antes y además no voté en contra, sino que me abstuve.
“Segunda falsedad: no me negué a declarar, exigiendo hacerlo por escrito como dice Verbitsky. Tal cual lo había acordado con el Dr. Osvaldo Faccione, el secretario de derechos humanos del tribunal, quince días antes, viajé a Rosario el martes 23 de setiembre a las siete de la mañana, llegando poco después de las once. Después de dejarme esperando durante más de una hora en un cuartucho subterráneo, custodiado por gendarmes, vino un funcionario del tribunal para decirme que debería esperar hasta la tarde (‘a eso de las tres y media’) para ver ‘qué pasaba’ (sic).
“Uno de los gendarmes me informó oficiosamente que la espera era debida a que le estaban tomando declaración a un testigo de identidad protegida y a renglón seguido reveló que era Jaime Dri. (Esta pintoresca confesión no es culpa del gendarme sino del Tribunal.) Me pareció muy bueno que declarase Dri, porque su testimonio, de primera mano, como víctima directa del Segundo Cuerpo, era mucho más importante que el mío. Seguí esperando durante casi dos horas a que retornara el funcionario del tribunal. Cuando finalmente regresó le expliqué que tenía una cita a las ocho de la noche en Buenos Aires y que no iba a tener tiempo para volver por la tarde, sin certeza además de que me tomaran testimonio. Recién entonces le expresé que podían enviarme las preguntas por escrito. Lo cual era lógico, porque se trataba simplemente de ratificar lo que Dri me había dicho en 1981 y publiqué en Recuerdo de la muerte. No para eludir repreguntas como insinúa de manera perversa el señor Verbitsky.
“Tampoco es cierto que voté ‘en contra’ de la ley de medios: me abstuve, lo cual marca un matiz perfectamente válido desde mi punto de vista. Además, a diferencia de la oposición, me quedé en el recinto junto con el oficialismo hasta las tres y media de la madrugada, intentando vanamente que introdujeran una reforma al decisivo tema de la autoridad de aplicación, que le hubiera dado consenso y grandeza a la norma.
“Es igualmente falso que mi actividad más notoria en el Congreso durante los días de audiencia consistió en votar contra la ley de medios: elaboré un proyecto propio y un dictamen en minoría y participé activamente en las reuniones de comisión.
“El mismo 4 de octubre solicité al señor Ernesto Tiffenberg, director de Página 12, el correspondiente derecho de réplica. Me lo concedió, limitándolo a 700 caracteres, que era lo escrito por Verbitsky. Ya eso me pareció mal, porque para calumniar basta a veces una sola frase y para refutarla se hace necesario un acopio de datos. Igualmente se lo envié. Entonces el señor Tiffenberg hizo algo mucho peor: en vez de publicarla por separado como corresponde a la ética periodística, se la entregó a Verbitsky para que la metiera en su columna del siguiente domingo, donde volvió a mentir para desprestigiarme.
“Dijo, por ejemplo, que había sido ‘citado por la tarde y se presentó por la mañana’ y que ‘se fue fastidiado por la inevitable espera’. Curiosamente, el columnista inició la nueva andanada señalando que es más fácil ‘escribir que leer’ y el consejo le hubiera venido muy bien a él mismo, porque el 5 de octubre pasado, Rosario 12 publicó una nota de Evelyn Arach sobre algunas irregularidades perpetradas por el Tribunal de Rosario que ha impedido, por ejemplo, que los familiares exhibieran fotos de los desaparecidos. La cronista de Rosario 12 (o sea la versión rosarina de Página 12) relata las denuncias formuladas por los familiares al respecto. En lo que me atañe dice: ‘Las demoras que padecen quienes tienen que testificar también son motivo de angustia. Carlos Del Frade estuvo diez horas enclaustrado en un cuarto aparte antes de declarar y como él muchos otros. Tal es el caso del periodista Miguel Bonasso que se volvió a Buenos Aires sin declarar a causa de las demoras del tribunal’.
“Envío esta denuncia a todos los que puedo, porque no tengo ningún medio desde el cual responder. Lamentablemente Página 12, diario en el que estuve desde su salida y a lo largo de veinte años, no va a publicar esta aclaración. Pero soy terco, voy a insistir y sé –la vida me lo ha demostrado– que la verdad suele triunfar sobre aquellos que al calumniar se degradan a sí mismos”