Entrevistas
Veintitres
Leonardo Sbaraglia
“Este es el mejor lugar para vivir”
Leonardo Sbaraglia y un regreso con todo a la Argentina
19-10-2009 /
El actor protagoniza películas, obras de teatro y series de televisión y un regreso con todo a la Argentina. El recuerdo de la crisis de 2001 y cómo ven sus amigos de España nuestra actualidad. El apoyo a la Ley de Medios y sus planes para quedarse.
Por Bruno Lazzaro
Sentado a la mesa de un bar, en Palermo, Leonardo Sbaraglia luce concentrado. Son las tres de la tarde de un viernes y a su alrededor el mundo interno del típico café de la esquina gira, se mueve, sin alterar su lectura. El lugar está lleno. Veinte personas conversan, toman cafeína en distintos modelos de presentación o simplemente miran a través del gran ventanal. Y en el medio, el actor –que protagoniza uno de los estrenos cinematográficos más importantes del año, Las viudas de los jueves, y desde hace dos meses comparte cartel con Pepe Soriano en la obra Contrapunto– pasa inadvertido mientras las hojas del Página 12 avanzan en su tiempo de lectura justo.
Sbaraglia dialoga con Veintitrés sobre su trabajo en cine, teatro y televisión –está grabando Impostores, una serie basada en la película Nueve reinas y está a punto de estrenar El corredor nocturno, film que protagoniza junto a Miguel Ángel Solá–; sin embargo, al actor se le hace difícil no mirar para otro lado y demostrar que su oficio, a veces, se manifiesta como un canal para poder exponer su lectura sobre temas sociales o políticos. Como en Las viudas de los jueves –en la que interpreta a Ronnie–, la película que muestra a través de la vida en un country el ascenso y descenso de los nuevos ricos en plena crisis de 2001. “Los countries son una metáfora de algo que sucede en gran parte de la sociedad argentina. Está bueno poner a la sociedad argentina ante un espejo. La película muestra al Tano (interpretado por Pablo Echarri) como un tipo con una identidad muy argentina, de cierta época del menemismo. Una persona construida para ganar dinero y que perdió su humanidad”, asegura.
–Como dice Ronnie, el Tano es “capitalismo puro”.
–Claro. Pero le puede pasar a cualquiera. Se manifiesta cuando una persona tiene una sobreexigencia con el trabajo que lo lleva a ir perdiendo humanidad hasta que se convierte en un mero instrumento para conseguir dinero. De esta manera, el capitalismo encuentra una manera nueva de reproducirse. Siempre original, siempre sórdida. La película habla de eso. El Tano encuentra la manera de seguir reproduciendo su propio capitalismo con su propia muerte. Es algo muy siniestro y bastante común a muchos procesos capitalistas.
–En el film, Ronnie se muestra como el más humano en un mundo de apariencias, donde los demás personajes exhiben el poder que acumularon. ¿Cómo analiza a su personaje en ese contexto?
–Es un tipo que está dentro de ese sistema, que goza de sus privilegios, pero que tiene un poco más de lucidez. Funciona de manera narrativa, como el coro griego que tiene más contacto con el mundo real y que dice las verdades. Es un tipo que baja a la tierra esas cosas, que tiene mucha más humanidad. Cuando leí el guión vi el espíritu del asunto. Me remitió a un momento de la Argentina pasada.
–¿Qué Argentina?
–La de 2001. Se me vino encima todo lo que dejó el menemato. La distancia de haber estado en España tanto tiempo me lleva a ver las cosas desde otra perspectiva, quizá más clara que la de un argentino que estuvo todo el tiempo metido en la salsa. Ese momento me produce un recuerdo emocional muy fuerte, yo me había ido a España un año antes.
–¿Cómo vivió el 2001 a la distancia?
–Parecía el apocalipsis. El siete u ocho de enero de 2002, como no estaba trabajando en España, volví y de paso aproveché para sacar la plata. Viví una angustia importante. Ver las cosas desde allá generaba un contraste muy fuerte. El noticiero de la televisión española mostraba lo peor. Encima, cuando estás lejos las imágenes te llegan de una manera muy dolorosa. Era la época de Navidad y en España son muy consumistas porque tienen mucha guita. Me angustiaba ver a la gente con diez bolsas de El Corte Inglés y la gente en la Argentina en una situación desesperada. Parecía un país que se iba por la rejilla.
–¿Y con qué país se encontró en esta vuelta?
–Me pasa algo llamativo. Me llaman de España y me preguntan por la situación en la Argentina. Me hablan de una gran crisis. Y yo digo: “No”. Y me hablan de crisis institucional. E insisto: “Nada que ver”. Pero todos los corresponsales de El País tiran para el lado del capital. Así como le dan con un caño a Chávez, le dan con un caño a Cristina.
Cuando Leonardo Sbaraglia piensa, muestra los dientes y respira profundo. El gesto, que también se hace propio a la hora de actuar, responde a la necesidad que tiene el actor de encontrar las palabras justas para transmitir sus sensaciones y emociones. Se le nota lo sanguíneo, y lo demuestra con ademanes, con el tono de voz o con el ceño fruncido. Ya sea para hablar de cine, de su exilio artístico en España o simplemente para trazar un parangón entre la Argentina de hoy y la de hace treinta años. “Hay dos modelos de país. Estaba claro en el ’70 y está claro ahora. La guerra que se da hoy por los medios tiene los mismos protagonistas que hace treinta años”, sentencia.
–¿Lee los diarios?
–Trato de pispear todos los diarios. Más en este momento que estamos en una situación delicada. Pero está claro que la Ley de Medios es una lucha política y económica. Y en el medio está la gente que lee los diarios y mira televisión, a la que le muestran otra cosa. Para la gente es difícil discernir y queda inmersa en una gran confusión. El año pasado, con el campo, pasó lo mismo.
–¿En qué sentido?
–Pago muchos impuestos. Y cuando gano mucha plata tengo que pagar mucho. Y no es que me deja pobre. Sigo viviendo relativamente bien. Está bien que el que más gana sea el que más tenga que pagar. La ingenuidad del Gobierno quizá pasa por creer que la gente que se para enfrente no tiene poder.
–¿Quién es esa gente?
–Aquellos medios que tiran en contra de la ley. Esos sectores me traen a la cabeza la idea del menemato. Todo lo contrario a una idea de sociedad más humana. Como lo que hace Macri con la cultura de la ciudad: está desmantelando todo. Hace bestialidades en el Teatro Colón, tiene muchos problemas en el San Martín. Es un tipo al que no le interesa la cultura. Con el caso del Fino Palacios se le cayó la máscara. Con eso te queda claro qué tipo de país quiere.
–¿Cree que la gente no sabía a quién elegía?
–Sería ingenuo pensar que lo votaron sin saber quién era. Pero también hay confusión en la gente. Y en ese sentido, que el 80 o 90 por ciento de la ciudad no haya salido a manifestarse en contra de la designación de Palacios me parece preocupante. Porque Macri lleva consigo una política de castigo, de encierro y de represión. Y no le quedó otra que dar marcha atrás. Eso es algo para festejar. Macri debería estar asustado. Lo mismo pasa con Cobos, a quien no conozco, pero mi intuición dice que es nefasto.
Luego de radicarse nueve años en el viejo continente –tiempo en el que filmó quince películas–, el actor volvió a la Argentina con tres protagónicos a cuestas. Lo que se dice un actor en movimiento.
–¿Esa búsqueda constante lo define como actor?
–Es un buen momento, un poco casual y acumulativo. Es una mezcla de la arbitrariedad que tiene esta profesión. Que el trabajo esté bien hecho no depende solamente de uno. Se puede ser un buen actor; un tipo con experiencia. Es verdad que a esta altura acierto más de lo que erro, pero también tengo en claro que para hacer un buen trabajo de verdad se necesitan muchas otras cosas.
–¿Tiene pensado instalarse en el país?
–Me voy a quedar acá. Pero no cierro las puertas. Nunca se sabe para dónde va ir el mundo.
–En el último tiempo retornaron muchos científicos que se habían ido por la crisis de 2001. Su caso se suma al de Federico Luppi, quien hace poco regresó de España. Como volvieron los científicos, ¿también retornan los actores?
–Es un valor más para hablar bien del Gobierno, es un síntoma. Tengo gente muy afín en el campo de la ciencia y nunca estuvieron tan apoyados como en este momento. En nuestro caso pasa por otro lado. Pero se puede trazar el paralelo. Si estoy acá es porque creo que en este momento es el mejor lugar para estar. Dejé muchos amigos, proyectos y cosas en España. Pero bueno... la profesión de actor, se sabe, es bastante inconstante. Es una elección de vida.
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