Sociedad
"Hoy no tengo ganas"
Mujeres light
27-09-2009 /
Son mujeres que disfrutan del sexo pero con moderación, desde luego, nada que ver con el deseo sexual que suelen ver en su pareja y prácticamente en cualquier hombre.
Las mujeres Light disfrutan del sexo con moderación.
Ellas la pasan bien con las caricias, incluso el coito, si él no va demasiado rápido en la penetración, también lo disfrutan. La mayoría nunca experimentó un orgasmo; algunas, en alguna ocasión, incluso recuerdan haberlo tenido durante una relación sexual, coital, por supuesto. Y es que cualquier forma de estimulación genital distinta al coito vaginal, suscita sensación de incomodidad, un malestar que se traduce en el inevitable rechazo que tratan de explicar y explicarse como que a mí eso no me gusta, no me apetece o me da asco, según una publicación de “Soitu”.
Buena parte de estas mujeres son víctimas de una educación sexofóbica, estructurada sobre la culpa frente al placer. Su vida sexual ha sido troquelada por un, no escogido, patrón de recelo frente a todo aquello que suscite deseo y placer sexual. El tradicional recato femenino es la expresión que plasma por excelencia esa cosmovisión que sitúa a la mujer en el papel de abnegada y buena madre, entendido como consecuencia de su recato sexual, es decir, su discreto interés por el placer sexual. Interés que no va más allá de lo imprescindible y se entiende ligado a la posibilidad de reproducción. Entre las más jóvenes, si bien la identificación con la abnegación y la maternidad no aparece en primer plano, el freno al placer sexual es percibido como "algo físico", como que sencillamente “a mí hay cosas que no me van, no siento nada, a mí eso no me apetece”..
El conflicto suele plantearse en la pareja de múltiples formas, desde la ausencia prácticamente completa de deseo de ella; la disparidad de deseos entre ella y él —es que él siempre tiene ganas y yo no…—; o la falta de orgasmo de ella. Y todo ello puede aparecer combinado con la disfunción sexual en él, con mucho, la más frecuente, es la eyaculación precoz.
La clave siempre es la misma, la auténtica disposición por arriesgarse, atreverse a enfrentar esos miedos, percibidos como el miedo a sus propios genitales: a la vista, al tacto, y en suma a la puesta en juego cuando se desea. Cuando descubre las posibilidades de ese órgano minúsculo y recóndito, la mujer —y la pareja por supuesto— se sorprende de cómo tomar las riendas del placer puede suponer un drástico cambio en su calidad de vida.
11