Las mejoras en el nivel del empleo no torcieron la cuestión estructural
La distribución de la riqueza mejoró pero quedó estancada en los niveles de 2001, poco antes de la crisis económica, social y política que barrió con el gobierno de Fernando de la Rúa. Ese retorno a aquel esquema distributivo no impidió que el desbarranque funcionara como un motor para la concentración de capital: “Se verificó un salto muy pronunciado en la concentración”, subrayó el economista Eduardo Basualdo. La afirmación fue sostenida con los datos de ventas de las grandes firmas, que entre 1991 y 2001 representaban el 32% del PBI y después de la crisis pasaron a representar el 52% del producto.
“Esto significa que en términos del valor agregado, esas firmas pasan de generar el 13% del PBI entre 1992 y 2001 al 22% entre 2002 y 2005. Además, en términos de las exportaciones, esas empresas pasan a generar el 62% al 81% de las ventas externas”, agregó Basualdo durante su participación en un debate realizado en el marco del congreso anual de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA).
Ese movimiento también se registró, según el investigador de Flacso, en la rentabilidad sobre las ventas, que pasaron del 3 al 9%, según sus balances. “Lo mismo, o aún más acentuado, ocurre con las tasas de ganancia de las empresas que cotizan en Bolsa. De esta manera, esta rápida mirada al proceso registrado en el núcleo central del capital en la Argentina confirma la congruencia de la concentración del ingreso”, indicó.
LA TORTA. Durante la mesa “Mercado laboral y situación sociolaboral: ¿mejoró la distribución del ingreso durante el período posconvertibilidad?”, que Basualdo compartió con Daniel Kotzer (PNUD) y la socióloga Martha Novik (Ministerio de Trabajo de la Nación). Se abordó, también, la problemática de cómo generar crecimiento con distribución.
“Con el crecimiento sólo no alcanza, hace falta distribución. Si lo medimos desde el ingreso total por hogares, en 1993 había un 13,6% de pobres, en 1998 trepó a 17,7% y en 2003 los hogares pobres eran 42,3 por ciento. En todo este período se vieron caídas en los ingresos medios con una situación pocas veces vista en países que no han sufrido una guerra o un desastre natural”, explicó Kotzer.
Con respecto a la distribución del ingreso, sostuvo que “la densidad de ingresos por adulto equivalente entre 2003-2006 a una mejora en cuanto a poder de compra, pero la distribución no muestra grandes cambios”. Señaló que en 2006 se produjo “un quiebre más importante porque allí empieza el populismo de clase media, levantando el piso del Impuesto a las Ganancias para sectores de mejores ingresos en clase media. Hasta ese momento mejoraban los datos para sectores más postergados, pero esto se corre a otro sector de clase media alta”.
“Los mayores efectos en reducción de la pobreza se dieron por un incremento en el ingreso nominal. El efecto inflación desde 2006 tira en contra y el efecto distribución no alcanza a compensar estos dos efectos anteriores. Mejoran la pobreza y la distribución hasta 2006. Mejoran el mercado de trabajo y la distribución, pero se mantiene igual para el sector de pobres más estructurales”, precisó Kotzer.
EQUIVALENCIAS. En su presentación, Basualdo también abordó el proceso que permitió recuperar los niveles de empleo poscrisis de 2002. Pero ese movimiento se estancó: “Fue más importante la recuperación de la ocupación, porque mientras el salario real en 2007 es casi equivalente al de 2001, la ocupación es un 11% superior”, indicó.
Agregó que “el notable crecimiento fue resultado de una elasticidad empleo/producto significativamente superior a la vigente durante la convertibilidad (0,45% versus 0,19%)”.
También la representante del Ministerio de Trabajo ponderó los resultados de la política laboral: “En los últimos seis años se crearon más de 4 millones de puestos de trabajo, se incorporaron más de 2 millones de jubilados y nacieron 124 mil nuevas empresas. Además, hubo un importante incremento de programa de empleos”. Pero señaló que “el impacto de la crisis se nota en el cambio en la dinámica del mercado de trabajo”, aunque sostuvo que “no hay un aumento importante de los despidos porque hubo una acción activa del gobierno y porque la caída de la actividad no fue tan fuerte, pero sí cayó la tasa de altas”.
ESFERA. Entre las conclusiones que desplegó, Basualdo subrayó que si bien el crecimiento económico de los últimos años permitió “superar la profunda regresividad distributiva que produjo la crisis de la convertibilidad”, no se logró cambiar la “pauta que impuso la dictadura hace treinta años, pese a la significativa reconstitución del mercado de trabajo”.
Concluyó que ese proceso no está solamente ligado a esa “reconstitución” sino que “está vinculado a características estructurales que tienen un vasto alcance”. Eso se expresa en el grado de concentración económica, “la organización de la producción y el poder” en la Argentina y la “resistencia a intentar nuevos caminos por parte de los sectores ‘integrados al mundo’”. Con estos elementos a mano, sostuvo que “la superación de esos obstáculos implica una participación estatal que no se restrinja a la política macroeconómica sino que intervenga en la propia esfera de la producción”.
PABLO WAISBERG