País
7 Dias
Por Eduardo Anguita
Nuevo tablero de juego
Eduardo Anguita
09-07-2009 /
El Ministerio de Economía en manos de Amado Boudou y la Jefatura de Gabinete a cargo de Aníbal Fernández son los cambios más significativos que el Gobierno ejecutó esta semana. Dos muestras de flexibilidad como señal de serenidad y equilibrio.
El periplo del la presidente Cristina Kirchner por Washington y El Salvador, para involucrarse en la dañada democracia hondureña no la tuvo alejada de los problemas domésticos. Pese a que ciertos opositores adujeron que Honduras era una manera de escaparle a la Argentina, la Presidente estuvo con un oído en Buenos Aires y, además, le había pedido al entonces ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, que se subiera al Tango 01 el viernes pasado a última hora. Su presencia no tenía que ver con cuestiones diplomáticas sino porque ella ya había decidido convocarlo para reemplazar a Sergio Massa en la Jefatura de Gabinete, el lugar donde pivotea la acción cotidiana de gobierno. Es cierto que, según confían fuentes cercanas a la Presidente, hubo una conversación con el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, quien había ocupado ese lugar durante la presidencia de Eduardo Duhalde, pero era muy complicado que el chaqueño dejara su provincia para mudarse a estar internado todo el día en la Casa Rosada. En todo caso, así como el ministro Juan Mansur llegó de la mano del gobernador de Tucumán José Alperovich, la apertura a Capitanich era para estar en sintonía con un criterio aceptado por casi todos los políticos: tras una elección, si hay cambios, dejan sus cargos los que perdieron en su territorio y ganan posiciones aquellos a quienes las urnas les sonrieron.
Pero, como el tablero de la conducción del justicialismo se mueve con ritmos más pausados que las urgencias de gestión, la Presidente se inclinó por hacer no pocos cambios, pero tratando de hacer algunos enroques más que presentando la incorporación de representantes de nuevas alianzas o apoyos. En ese sentido, cabe destacar que el flamante jefe de Gabinete está templado en la gestión K. Así como puede asumir el rol de vocero –y es un hablador empedernido– también sabe guardar secretos: durante el viaje a Washington estuvo en contacto con los periodistas que acompañaron a Cristina y habló de muchas cosas pero se negó a filtrar cualquier información sobre los cambios de elenco de ministros.
Ni el caso de Aníbal Fernández ni el del nuevo ministro de Economía Amado Boudou –los dos cambios más significativos– tuvieron que ver la lógica de oxigenar el gabinete con “ganadores”. En cuanto a la Jefatura de Gabinete, era un secreto a voces que la relación de Sergio Massa con Néstor Kirchner se había deteriorado aún más después del resultado electoral, dado que en Tigre, el distrito de Massa, la lista de diputados nacionales encabezada por el ex presidente había obtenido un caudal de votos sensiblemente menor que la de consejales para el distrito, encabezados por Malena Galmarini de Massa, esposa del entonces jefe de Gabinete. Fue interpretado como un una actitud especulativa por parte de Massa, quien no habría impulsado a los electores a no cortar boleta. El cambio, en un momento de retroceso oficial, es para mantener más homogéneo al círculo más estrecho de colaboradores de Cristina.
En el caso de Carlos Fernández, su misión había sido la de hacer gestión y hablar poco. Cabe recordar que Kirchner lo colocó al frente de la cartera de Economía después del desplazamiento de Martín Lousteau, quien se dedicó a criticar abiertamente al Gobierno, como si hubiera sido ministro en otro país o en otro tiempo. El silencio del Fernández de Economía –era el tercer Fernández en el gabinete– permaneció durante el año y poco que acompañó a Cristina. En todo caso, el problema no resultó su locuacidad sino que esa cartera estuvo celosamente custodiada por el mismo Kirchner quien, desde la Quinta de Olivos, seguía las actividades diarias de Economía.
Si en estos meses hubo un área cuestionada en el Palacio de Hacienda no fue la del ministro sino la del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y la de las estadísticas oficiales, el tan mentado INDEC. Al cierre de esta edición no se conoce quiénes serán los nuevos secretarios. Se descuenta que Hacienda y Finanzas van a cambiar y se descuenta que la decisión del relevo de Moreno escapa a la capacidad de Boudou. Está claro que el desgaste de la figura de Moreno, producto de un carácter que se convirtió en el emblema del trato avasallador, no fue nunca un tema que preocupara a la Presidente, por lo menos como para ponerle límites o, incluso, relevarlo.
Su cambio, para los opositores que apuestan al desgaste del Gobierno, sería tomado como una batalla ganada y es posible que eso retarde su salida. Sin embargo, la sociedad –y quienes analizan con cierta serenidad el curso de los acontecimientos– sentiría que su relevo sería un paso a favor del diálogo y la transparencia. Desde ya, si eso significara que el INDEC –o un nuevo organismo que ocupe esa función– tuviera mediciones más confiables. En momentos de crisis, la flexibilidad para evitar conflictos no es una debilidad sino más bien una señal de serenidad y equilibrio.
La llegada de Julio Alak, ex intendente de La Plata por tres períodos, convocado para estar al frente de Aerolíneas Argentinas en manos del Estado, sorprendió a muchos. Fue un premio a lo que el oficialismo consideró una gestión impecable. No escapa que Alak supo sortear sus diferencias con Ricardo Jaime, el relevado secretario de Transporte, con quien tuvo no pocos encontronazos y dificultades. Alak, a su vez, fue reemplazado por otra sorpresa en Aerolíneas: Mariano Recalde, abogado laboralista, que se convierte en el más joven funcionario de esta administración. Si bien es mencionado como el hijo del diputado Héctor Recalde, Mariano tiene una sólida formación académica, es profesor universitario desde muy joven, tiene trabajos publicados y, sobre todo, es un cuadro político que abreva en dos vertientes.
Por un lado, es parte de los jóvenes K que tienen a Juan Cabandié como cara más visible; y, por el otro, es abogado de la CGT y tiene un vínculo estrecho con Hugo Moyano. En ese sentido, puede leerse este nombramiento como un espacio en el cual Moyano va a tener llegada directa. La semana pasada, cuando Juan Manzur quedó al frente del Ministerio de Salud, muchos pensaban que Moyano esperaba tener más espacio en esa cartera, clave en el manejo de las Obras Sociales. Bueno, la Secretaría de Transportes y Aerolíneas tendrán al líder cegetista como un interlocutor cercano.
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