montserrat brizuela
Osvaldo Soriano alguna vez escribió “El penal más largo del mundo”. Un relato atrapante, con dejos de historia fantástica. Vélez y Huracán, viven por estos días una historia similar, pero cien por ciento real y en donde lo interminable no es un tiro desde los doce pasos: acá se habla de una final por el nuevo campeón del fútbol argentino.
Cuando los problemas que exceden al fútbol se mezclan con el mundo de la redonda, las decisiones parecen más difíciles de tomar. Y este es el caso que enmarca la final del Clausura: la gripe A acecha el orden sanitario del país, por lo que la declaración de emergencia puede darse en cualquier momento (anoche quedó postergada). Eso obligaría a que el choque se juegue sin público. Pero como los intereses de las dirigencias son antagónicos, el tira y afloje quedó establecido a seis días del partido.
Opuestos. Muchos cuestionan la incidencia del público en un partido; Vélez no: sin público, no se juega. Huracán, en cambio, quiere disputar si o sí la final este domingo. Porque más allá de que es tentador jugar sin tener une estadio lleno en contra, hay cuestiones administrativas que refuerzan la postura.
“Huracán lo va a jugar como sea, a puertas cerradas o con público” dijo la voz de Carlos Babington, presidente de Huracán. Y es que en el Globo, hay varios jugadores a los cuales se les vence el préstamo, situación que, de hecho, el club tuvo que alargar hasta el 5 de julio porque los vínculos ya caducaron (caso de Mario Bolatti y Javier Pastore; entre otros).
“Si se impone jugar sin público, que se postergue el partido”. Esa fue la postura de Fernando Raffaini, titular de Vélez. Además, agregó (con lógica) que “si lo que se intenta evitar es un conglomerado de gente, jugar a puertas cerradas no va a impedir que la gente se junte para el festejo”.
Porque los hinchas del Fortín se autoconvacarán igual en la puerta del Amalfitani, lo que podría generar incidentes (y ni hablar si los de Huracán también se acercan a Liniers a “alentar desde afuera”). Además, Vélez podría presentar un recurso de amparo para que se juegue con público, si el Gobierno decide lo contrario.
Miguel Calello (vice) reforzó la postura del club: “Preferimos postergar la final antes que jugarla sin público. No sé cuánto puede durar la emergencia sanitaria, si es que se decreta, pero estamos dispuestos a esperar”.
Coinciden. Los jugadores, al contrario de los dirigentes, coinciden en el sentimiento. Víctor Zapata avisó que “sin público se mata el espectáculo. Si me dan a elegir, yo no juego una final sin hinchas”, en tanto que Matías De Federico explicó que “no tendría gracia jugar una final sin hinchas”.
Mañana, Raffaini y Babington se reunirán con Pablo Paladino (titular de Subsef) para ver si destraban la situación. Pero la útima palabra será la del Gobierno. Los días pasan, y la incertidumbre, crece.