País
Veintitres
Radiografía del peronismo poselectoral
La pulseada del PJ
En la fila. Néstor Kirchner fue contento a votar. Ni se imaginó que perdería por poquito, como más tarde reconoció en público.
29-06-2009 /
La derrota del kirchnerismo en territorio bonaerense reabrió el debate sobre quién puede liderar el justicialismo. Ganadores y perdedores. Los que aún tienen chances para ser presidenciables.
Por Carlos Romero
Por tradición, el peronismo es bilardista. O, si se prefiere, resultadista. El que gana, manda. Y el que pierde, acompaña. Esa es la ecuación simple con la que los herederos de Juan Domingo Perón suelen resolver sus constantes rencillas internas. En especial, cuando los jugadores llegan a posiciones irreconciliables. La pregunta de rigor, entonces, es cómo se aplica esta máxima ordenadora luego de la derrota del oficialismo en el sintomático territorio bonaerense y ante la gran diversidad de resultados que el peronismo cosechó en todo el mapa nacional.
En primer lugar, después de la caída del kirchnerismo y la atomización de bancas en las dos cámaras del Congreso de la Nación, lo que está en cuestión es la figura de Néstor Kirchner como líder aglutinador del justicialismo. Un debate para el que poco importa que el santacruceño sea formalmente el titular del PJ. Como fruta amarga del postre, las fuerzas de K tampoco lograron imponerse en su Santa Cruz natal, donde el partido del ex presidente cayó por más de un punto frente a los candidatos del Acuerdo Cívico y Social, bautizados como Frente Cambiemos para Crecer.
En una vereda distinta a la del kirchnerismo mellado, una radiografía de los peronistas triunfantes podría empezar por Carlos Reutemann, que con el 42 por ciento de los votos venció en una fina pulseada al socialista Rubén Giustiniani. Pero, sobre todo, en el espacio del Lole celebraron el nocaut sobre Jorge Rossi, candidato a senador K, que apenas obtuvo el 7,8 por ciento de los sufragios. Con estas cucardas, el reutemanismo ganó peso específico en el organigrama del PJ.
Otro peronista exitoso fue el gobernador Mario Das Neves, que en Chubut obtuvo el apoyo de más del 55 por ciento del electorado, tanto para diputados como para senadores, y le sacó unos 36 puntos de diferencia a la UCR. Das Neves comparte procedencia patagónica con Kirchner y aunque mantienen una relación sin sobresaltos, hace rato que el chubutense dejó en claro sus ambiciones nacionales, para lo que deberá sumar más voluntades por fuera de su provincia.
El sanjuanino José Luis Gioja también es un “compañero” con los dedos en V. En su provincia, el Frente para la Victoria ganó con el apoyo de más del 56 por ciento del electorado y se quedó con las tres bancas en juego, con una diferencia de 38 puntos sobre los peronistas disidentes del frente Unión por San Juan.
Quien retrocedió casilleros en el verticalismo pejotista fue el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, que en los últimos meses se había distanciado de los K y que ayer cayó ante las listas de Luis Juez, que se presentó junto a la Coalición Cívica, y de la UCR. El pobre tercer lugar que el PJ de Schiaretti obtuvo tanto en diputados como en senadores, dejó al espacio del cordobés en una situación delicada: sin respaldo a nivel nacional y sin un proyecto propio refrendado.
En el caso del bonaerense Daniel Scioli, podría decirse que quedó en una zona gris. En lo geográfico, cayó en su provincia ante Unión-Pro. Pero el hecho de que sea Kirchner quien haya asumido la mayoría de los impactos de la derrota deja al ex motonauta aún en carrera como posible heredero político del proyecto oficial. Por otra parte, Scioli nunca cortó del todo sus lazos con el entorno duhaldista.
Justamente, varios meses antes de las elecciones, el ex presidente y ex gobernador Eduardo Duhalde hizo explícito su deseo de volver al ruedo político y asumir la conducción del Partido Justicialista. El triunfo del Colorado y del PJ disidente, que contó con la asistencia de los avezados cuadros y operadores duhaldistas, significó para el jefe oriundo de Lomas de Zamora una reafirmación de sus talentos como orquestador electoral y una nueva lavada de cara para su imagen.
En un posible escenario donde la conducción central del PJ se hace difusa, la historia reciente marca que los liderazgos provinciales cobran peso. Duhalde, sin ir más lejos, recurrió a una suerte de “liga de gobernadores” para garantizar el pasaje desde los estertores de la Alianza al gobierno de transición de 2002.
En el caso de los referentes de Unión-Pro, su peso propio dentro del esquema partidario del peronismo tiene límites claros. El victorioso Francisco de Narváez es una figura de proyección limitada a la provincia de Buenos Aires, sobre todo si se tiene en cuenta que su principal socio, Mauricio Macri, quien concentra las chances presidenciables del dueto, está por fuera del PJ. Eso le deja cierto terreno al ex kirchnerista Felipe Solá, que sin embargo no logró acumular en su persona las mieles de una victoria que lo tuvo como un claro protagonista de reparto.
Como se escuchó decir varias veces durante esta campaña, en estas elecciones las fuerzas que componen el intrincado encefalograma del peronismo disputaron una suerte de interna abierta, que ya tiene sus ganadores y perdedores. El tiempo dirá si esta vez el bilardismo alcanza para entender cómo siguen las cosas en las filas del General.
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