Por Christian Rémoli
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Difíciles fueron los últimos 20 años para Atlanta. La quiebra, la pérdida de la sede, el arribo de Consucont S.A., la amenaza de levantar allí un shopping o un hipermercado, la dependencia de Miguel Ángel Broda, la cárcel de contraventores, son sólo algunos de los inconvenientes que tuvo que atravesar el club de Villa Crespo en los últimos cuatro lustros.
La lucha de la gente y de los dirigentes fue fundamental para recuperar el club. En 1999 había caído en desgracia Racing, y los hinchas de la Academia se encadenaron y consiguieron que el Estado prohibiera expropiar la sede de Villa del Parque. Ahí los Bohemios pidieron “igualdad ante la ley”. Marcharon, lucharon y en 2004 consiguieron, al menos parcialmente, recuperar la sede. Fueron partícipes de esto hasta los vecinos que protestaban por los partidos de los sábados, que se encontraban angustiados por el abandono e invadidos por la superpoblación de ratas y cucarachas de Humboldt al 300.
Ahí vamos. Luego de la recuperación, Atlanta se propuso reconstruir su estadio, con falta de mantenimiento y corroído. La Comisión Directiva generó un proyecto en manos de los arquitectos y socios del club Federico Sturm y Gabriel Velisone para que la recuperación fuese desde adentro y estuviera dirigida por los socios de la Subcomisión de Estadio. Armaron los planos nuevos, visitaron canchas, hicieron un gran esfuerzo. En junio de 2005, cuando tuvieron en claro qué modelo querían, y consiguieron la autorización de la Comisión Directiva, se pusieron en campaña para recaudar los fondos.
Al tiempo, propusieron liquidar los fierros y las estructuras en desuso para financiar el desarrollo de la obra. “La idea era empezar a vender los fierros retorcidos y sumarle algo de plata de los socios para hacer una tribuna. Nos imaginábamos que esto entusiasmaría aún más a la gente, que aportaría más plata para otra tribuna, y que inclusive se iba a acercar algún inversor a quién podríamos sumar y dirigir nosotros”, recuerda Velisone. Con lo que se recaudó se cavaron los pozos para las estructuras de la tribuna que da a la calle Dorrego, fijada como prioridad, y se construyeron las 21 bases de hormigón armado necesarias para empezar a construir. Mientras tanto, Atlanta seguía jugando en su cancha.
En pleno trabajo en el estadio, el doctor Alejandro Korz, vicepresidente hasta ese momento, reemplazó en la presidencia a Carlos Moreno, ex barra y hombre del Sindicato de los Peones de Taxis. Korz es socio del club desde muy pequeño, además de profesor de ajedrez y participante activo en la recuperación de la sede.
Cancha nueva, vida nueva. Alejandro Korz, con injerencia en el Foro Social de Clubes –un lugar desde donde se replantea a las instituciones como sociedades civiles que logró, por ejemplo, frenar los embates de Macri para quedarse con el predio del Deportivo Español– era visto con simpatía por los sectores del progresismo fútbolero. “Se jactaba de frases como ‘el club para los socios’ y hasta llegó a invitar a Vélez con Raúl Gámez a la cancha cuando estaba enfrentadísimo con el presidente de la AFA”, recuerda Mónica Nizzardo, asambleísta de Atlanta y titular de la ONG Salvemos al Fútbol, la institución que organizó la marcha del pasado martes en la AFA para repudiar los 30 años de Grondona en la entidad.
Sin embargo, “el presidente Korz clausuró la reconstrucción de la cancha argumentando que había que lograr la habilitación para seguir adelante con la obra” –recuerda Nizzardo–. “Resultó muy llamativo. Es verdad que dicha habilitación estaba en trámite ante el Gobierno de la Ciudad, y estaba el tema de que no se podía jugar más en los estadios con tablones, pero fue el mismo presidente –en su carácter de vice– quien había levantado el pulgar para el comienzo de las obras un año antes”. En ese momento –según Velisone– se anunció que “una empresa iba a hacer la cancha y que Atlanta no iba a tener que poner dinero”.
El arquitecto desafió al presidente en un programa partidario radial para hacer una asamblea y que cada uno explique por qué había que parar o seguir la obra, y que la gente decida. “Antes de hacernos a un costado, decidí devolverles a los socios el dinero con el que venía trabajando. Se los convocó al club o se fue personalmente casa por casa”, recuerda Velisone.
Ahora sí. El 23 de diciembre de 2006, Korz anunció la contratación de Constructora Deportivas S.A., firma presidida por Genaro Aversa, ex florista de Sarandí, casado con Graciela Grondona, única hija mujer de Julio. Dicho contrato –dicen en Villa Crespo– es un secreto de Estado.
A pesar de que ya estaban hechos los pozos, la empresa decidió empezar a reconstruir las cabeceras, hasta el momento de tablones. Algunos asesores que estuvieron cerca de Korz sospechan que los hierros retorcidos de esas cabeceras fueron triangulados a la empresa de materiales ferrosos que tiene en Quilmes Jorge Romo, presidente del Colegio de Árbitros de la AFA y hombre de suma confianza de Grondona. Romo conoció al presidente de la AFA por los negocios de la ferretería hace más de 30 años. Quienes lo trataron, afirman que sus conocimientos del arbitraje no superan lo modesto. Quienes lo investigaron, lo marcan como el responsable de haber manejado a discreción la designación de los jueces.
Aparece Riganti. La cancha de Atlanta es el único estadio al que se llega en subte (Línea B), en tren (Ferrocarril San Martín) y por el cual pasan más de 20 líneas de colectivos en un radio de 15 cuadras. Por esto, también es apetecible para la organización de recitales, actos políticos y eventos varios. En tal sentido, el León Kolbowsky también requería reformas urgentes en la infraestructura: playa de estacionamiento, alambrados perimetrales, plateas, etcétera.
Este segundo paso fue concedido por el club a Proinver S.A., empresa domiciliada en Villa Constitución, Santa Fe, y presidida por Rogelio Armando Riganti, otro satélite de Grondona. Ambos se conocieron un tiempo antes de que el almirante Lacoste nombrara a dedo en el sillón de la AFA a Don Julio. La amistad que trabaron también fue a través de la ferretería de la calle Independencia 539, de Sarandí. Con el tiempo, Riganti llegó a ser uno de los dueños de ISL Argentina y a ostentar acciones de Puntogol (actualmente Santa Mónica), empresa que posee los derechos de marketing y sponsorización de la AFA.
Así, el club le otorgó a la empresa de Riganti la posibilidad de organizar en el estadio “hasta 15 espectáculos anuales durante diez años (…) de manera exclusiva”, con lo que Atlanta podrá utilizar el Gran León solamente para los partidos oficiales de AFA. A cambio recibirá una suma total de “hasta 760 mil pesos”, sumado al 10 por ciento de las ganancias de de Proinver en los eventos (libre de impuestos) y el mismo porcentaje de la recaudación del estacionamiento.
“Es una locura tanto lo de los 760 mil pesos como lo del 10 por ciento –afirma el doctor Samuel Halfon, ex integrante de Comisión Directiva–; si por ejemplo ellos producen un evento con Serrat y recaudan libre de impuestos 200 mil pesos, nos darán 20 mil. Pero si en su lugar otra empresa por ellos contratada les abona en concepto de canon 10 mil pesos y luego esa empresa recauda la misma cantidad, sólo recibiremos 1.000 pesos por lo mismo, ya que nada impide que la empresa subloque a un tercero. No existe método de control, ni mínimo asegurado valuado en concepto de canon, sólo recibiremos lo que la empresa establezca y nos informe, y si no estamos de acuerdo, vamos a juicio, ¿que les parece?”.
No hay tiempo de más. “El día que se llamó a Asamblea para votar la contratación de esta segunda empresa (por Proinver), los asambleístas recibimos el contrato diez minutos antes de votar”, afirma Nizzardo. “Obviamente algo iba a estar mal. Cuando lo abro y veo el nombre de Riganti dije que no iba a votar eso, que este señor era testaferro de Grondona.” La de Nizzardo fue la única abstención, el resto de los votos fue en favor de la ejecución del contrato.
“En la cláusula sexta habla de la entrega de 100.000 pesos como adelanto y ‘como principio de ejecución del contrato’, apunta Halfon en un informe publicado por la página www.sentimientobohe
mio.com.ar. “Esta frase es artera porque si el contrato tiene principio de ejecución, nace un derecho a resarcimiento que no existe en el caso de un contrato ad referéndum de una asamblea. Ambas cuestiones denotan que vinieron para quedarse, no para ver si queríamos o no aceptarlos, y en esto tampoco repararon las autoridades del club. La empresa sabía que el club necesitaba el dinero para pagar cosas urgentes, con lo que iba a hacer cualquier cosa con tal de hacer aprobar el contrato. Esto demostró en parte con quién se contrató”.
“No tengo dudas de que podríamos haber terminado el estadio desde adentro, con los planes que veníamos trabajando”, apunta Velisone. Se suma Nizzardo: “Korz me dijo en la última asamblea que quería un Atlanta grande. Pero se olvidó de decir un Atlanta grande con Grondona.” Fuentes que estuvieron muy cerca de las negociaciones afirmaron a Miradas al Sur que existieron “evidentes facilidades económicas desde el seno de la AFA para el nuevo estadio”. Más explícito fue Rául Gámez en este mismo diario el domingo 22 de febrero: “Hay equipos que lo podrían enfrentar a Grondona en alguna oportunidad y, como les hace el estadio, les da los préstamos de AFA, no dicen nada. Atlanta, sin ir más lejos, tiene un presidente luchador, pero si le hace la tribuna, él por ahí no se pelea con Grondona”.
Korz tiene 37 años y es un dirigente reconocido entre sus pares. Visita los pasillos de la AFA desde hace mucho tiempo a pesar de su corta edad. Entre otras cosas, puso en garantía sus ahorros para la construcción de las cabeceras ante el pedido de Constructora Deportiva SA, y recibe con indignación que se hable de quiénes hicieron las obras, en lugar de hacer referencia al esfuerzo del club y de la gente para jugar nuevamete de local (ver aparte).
El Bohemio volvió a su casa el domingo 29 de marzo después de tres años. Para el club fue una fiesta que compartieron más de 10 mil hinchas de tres generaciones que merecían el alivio y esa felicidad. Para el fútbol argentino, un reflejo de cómo funciona una telaraña tejida con precisión de cirujano y maestría de académico, que el pasado lunes 6 de abril cumplió 30 años.