Elisa Carrió.
Por Adrián Murano
Observó a sus interlocutores de reojo, miró a cámara y dijo: “El país está en tiempos de descuento”. Frase punzante, mohín y guiñada de ojo. En menos de diez segundos, Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica (CC) que en las últimas elecciones se consagró al frente de la oposición, dejó sembrada la semilla de la incertidumbre con la que se propone cosechar votos en el próximo round electoral. O quizás antes. Porque, según su última visión profética, “Acá no hay octubre. Hay marzo, abril y mayo...”.
Carrió arrancó el año dispuesta a dejar en claro que está en la pelea. O mejor: que es la capitana en un pelotón destinado a batallar en todos los frentes. Incluso en el propio, donde se suman los dirigentes que cuestionan su explosivo método de exploración política.
La batalla de esta semana se disputó entre plantines de soja. Pero antes fue en la Organización de Estados Americanos (OEA), en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso y, siempre, en los sets de televisión, un espacio donde sus profecías aún cotizan en rating.
La tradición política indica que los opositores deben ser críticos. Pero ese rol republicano, saludable para la vida democrática, en la Argentina suele adoptar un matiz caníbal: en medio de la peor crisis económica global del último siglo, la política doméstica se disputa espacios a mordiscones. Y Carrió se muestra voraz.
Un repaso de sus últimas apariciones públicas sirven para mensurar el filo de su cuchilla:
- El 18 de febrero, la líder de la CC y su aliado Gerardo Morales –titular de la Unión Cívica Radical– pidieron ante la OEA el envío de veedores para el próximo compromiso electoral. “Es de público conocimiento el hecho de que los últimos procesos electorales se han visto empañados por un manto de sospecha en cuanto a la transparencia con que los mismos han sido llevados a cabo, sentándose precedentes nunca antes vistos desde la vuelta de la democracia a nuestro país en el año 1983”, decía la carta, en referencia a las elecciones presidenciales de 2007. En esa oportunidad, Cristina Fernández ganó por 23 puntos de diferencia sobre Carrió. Si bien se registraron irregularidades en la remisión de boletas y demoras en los centros de votación, resulta difícil explicar que los cinco millones de votos de distancia entre una y otra hayan sido producto de un fraude. Sin embargo, la carta omitió el dato con un doble objetivo: deslegitimar al Gobierno ante un organismo internacional y aprovechar un eventual rechazo oficial a los veedores. Esta semana, un fallo de la Cámara Electoral admitió la presencia de observadores y abortó la segunda mitad del plan coalicionista.
- El 26 de febrero, tras el primer encuentro entre la Mesa de Enlace y el Gobierno, la CC, la UCR, el Pro y el socialismo realizaron una audiencia junto a los dirigentes del agro. Por cuestiones de protocolo –Carrió no tiene cargo parlamentario–, la dirigente se abstuvo de liderar la conferencia, pero en privado promovió un proyecto que elimina las retenciones. Ese proyecto, que en los próximos días ingresará al Parlamento patrocinado por todo el arco opositor, choca con la plataforma electoral que Carrió presentó en la campaña de 2007, donde se mostraba dispuesta a continuar con ese mecanismo. La contradicción, sin embargo, fue cubierta con una profecía: “Ahora la Argentina profunda está por perder la paciencia y la paz”.
- El 2 de marzo, Carrió desplegó su arsenal mediático para criticar el discurso de apertura de sesiones ordinarias ofrecido por CFK el día anterior. “No he escuchado un discurso tan mentiroso en la historia del Parlamento”, disparó desde el púlpito televisado, y pontificó: “A la Presidenta y a su esposo los impulsa en sus políticas la venganza contra un pueblo que ya no los apoya; y están implementando una política económica demencial. Lo que está haciendo hoy con la producción sólo lo puede hacer un gobierno privado de razón. Ya no es una cuestión ideológica, no pasa el examen de la más mínima sensatez”, diagnosticó la abogada Carrió. Y recalentada por los reflectores, reiteró una comparación: “Lo mismo hizo Ceaucescu, le pasó lo mismo a Ceaucescu en Rumania”, dijo, en alusión al presidente rumano que fue ahorcado en 1989 por el pueblo junto a su esposa, en medio de un estallido social. Aunque proclive a los desbordes retóricos, en esa ocasión sus palabras no respetaron el guión de la “guardiana de las instituciones republicanas” que pretende representar.
- El pasado miércoles 4 de marzo, la ex diputada tuvo un día agitado. Para evitar que el acta-acuerdo entre los patrones del campo y el Gobierno desvaneciera la capitalización del descontento chacarero, Carrió madrugó junto a su celular: “A la Presidenta la va a atropellar la crisis”, tituló, para luego azuzar a los productores ansiosos por copar las rutas: “Hubo algún gesto presidencial, pero también es cierto que todo el interior del país sabe que todas estas medidas no sólo son mínimas sino insignificantes. Para una salida en paz es preciso volver los ojos al Parlamento nacional, un camino que nunca se debió abandonar. Estamos en tiempo de descuento, hay que abrir las exportaciones”. El mensaje sirvió para que se profundizara la crisis interna en la Federación Agraria, donde varios productores siguen con recelo los movimientos de su presidente, Eduardo Buzzi (ver aparte). En los próximos días, Carrió podrá comprobar si su súbito interés por el libre comercio agrario rinde sus frutos cuando visite Expoagro, en Santa Fe.
Esta sucesión de estocadas despertó aplausos en la feligresía más ortodoxa, que celebra el regreso de su mentora al ring. Pero algunos aliados temen por los efectos de esos desbordes. Es el caso del gobernador santafesino, el moderado Hermes Binner, quien ya no ocultas sus críticas al estilo pendenciero de la dama.
Su fidelidad hacia el Partido Socialista –y la necesidad de sostener una alianza que aún le ofrece dividendos provinciales– evita que Binner propicie una ruptura con la CC. Su apuesta, al fin y al cabo, es a mediano plazo. El gobernador cree que luego de octubre la estrella de Carrió declinará y será su momento de ampliar la alianza hacia sectores que no quieren sentarse con ella (ver más en la sección Detalles).
La gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, una histórica lugarteniente de Lilita, en los últimos meses también comenzó a dar muestras de fastidio . “La gestión no me deja tiempo para hablar con Carrió”, se distanció, sin perder la elegancia.
Por sus cargos institucionales, Binner y Ríos son los dirigentes más visibles, pero no son los únicos. La crisis interna se expande por el territorio nacional y la armonía sólo subsiste por la cercanía de los comicios.
El ruido interno, sin embargo, no amedrenta a Carrió. Después de todo, está acostumbrada a subir los decibeles.