Ana Gerschenson
Cristina Kirchner registró su página (
www.cristina.com.ar) cuando todavía su esposo, entonces presidente de los argentinos, meneaba la incógnita y decía en sus discursos que el candidato a sucederlo iba a ser pingüino… o pingüina. Puede comprobarse en los archivos oficiales, el 16 de mayo de 2007, en nic.com.ar, la página oficial que administra la Cancillería y autoriza el uso de los nombres de todos los sitios de la Argentina. No importa si el político en cuestión sabe o no transitar por los carriles cibernéticos, si vive o no pendiente de sus mails, si está en Facebook o si confunde a Twitter con un nuevo electrodoméstico.
Hoy los estrategas de campaña, por unanimidad, consideran a la Web como una herramienta que no puede ser omitida en la construcción de una candidatura. Esta realidad, en un principio, resultó difícil de digerir para aquellos dirigentes mayores de 50 años, acostumbrados a la eficacia de la arenga en los actos multitudinarios.
Sin embargo, todos los candidatos tuvieron su sitio propio en los comicios presidenciales de 2007. Sin excepción. Roberto Lavagna (
www.presidentelavagna.com) fue el primero en publicar opiniones exclusivas sobre temas calientes en YouTube. De hecho, el ex ministro de Economía importó esta modalidad, utilizada en Europa y Estados Unidos. La Casa Blanca y Downing Street tienen hace tiempo su canal en YouTube para comunicar sus acciones de gobierno.
El paquete en la Red no está completo sin el blog propio y una cuenta en Facebook. Éste es el combo básico para cualquier político que quiera ganar votos en el ciberespacio.
La cuenta es simple y contundente: según el último informe del INDEC ya son 3.241.225 las personas que se informan por Internet.
El propio Lavagna, en una de las últimas entradas de su blog, asegura que “hoy con las tecnologías de la información tenemos en nuestras manos un instrumento bárbaro de difusión de ideas, de diálogo directo sobre lo que pasa en el país y en el mundo. Hay que usar este medio y hay que usarlo bien”.
Elisa Carrió también se convirtió en una fanática de la Web. La líder de la Coalición Cívica tiene varios sitios personales, algunos propios y otros alimentados por militantes. Están, entre otros,
www.elisacarrio.com.ar; la página
www.coalicioncivica.org.ar y el blog elisacarriopresidente.blogspot.com, toda una declaración de deseos. Carrió sube a sus páginas lo que dice y hace diariamente, con las denuncias que presenta en la Justicia incluidas, en un diseño bastante movedizo, como es su característica personal.
Una premisa parece cumplirse: los candidatos ganadores, sumidos en el trajín diario, abandonan el ciberespacio como herramienta de conquista electoral. Y las páginas oficiales de gestión reemplazan el contacto casi íntimo que supieron mantener con sus seguidores.
Es el caso de la presidente Cristina Kirchner y Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires. “A partir del 11 de diciembre de 2007, la información actualizada sobre las actividades de la presidente podrá verse en
www.casarosada.gov.ar, dice el cartel debajo de una foto de la mandataria en lo que fue su sitio de campaña en 2007. Un grupo de jóvenes modernos creó el sitio
www.cristina.com.ar, que llegó a transmitir los actos de la entonces candidato en vivo y en directo.
El caso de Mauricio Macri es similar. Sus páginas partidarias (PRO y el ex Compromiso para el Cambio) tienen un cartel amarillo y negro, como los que la Ciudad utiliza para señalizar las obras en las calles porteñas, y obviamente dice: “Sitio en remodelación”. Su único contacto hoy con el electorado es a través del sitio oficial de la Ciudad de Buenos Aires.
La clase política argentina ya aprendió a saborear las infinitas posibilidades que tiene Internet, y casi sin costo financiero. Porque los políticos creativos también juegan en el ciberespacio, como Jorge Telerman, quien siendo jefe de Gobierno decidió un día transmitir en vivo todo un día la imagen de lo que hacía en su despacho. Como un Gran Hermano del control ciudadano.
Y están los ultramodernos, como Francisco De Narváez, quien, además del combo básico en la Red, actualiza personalmente su página en Facebook a través de Twitter, y lanzó un mapa de la delincuencia en la Provincia de Buenos Aires, como parte de su campaña para la gobernación de la misma.
Está el caso de un posible presidenciable, el flamante ex kirchnerista Carlos Reutemann. Pero su sitio web (
www.carlos-reutemann.com.ar), pergeñado por un fan del automovilismo, sólo contiene fotos de autos e información sobre sus días en la fórmula uno. Dos dirigentes de la vieja usanza, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, ni siquiera tienen un sitio con su nombre.
Julio Cobos también es peculiar en Internet. El vicepresidente figura como parte de la Fundación Coda (Consenso para el Desarrollo Argentino), una agrupación que se vislumbra como eje de lanzamiento electoral. Cobos no tiene sitio personal, pero su dominio está pedido. Más de uno cree que, como sucedió con la candidatura de Cristina Kirchner, la solicitud de registro en la Red confirma la decisión de postularse a la presidencia.
Pero a Cobos va a costarle un poco más tener su sitio web. Porque la dirección
www.juliocobos.com.ar figura en trámite 7953841 desde enero de este año. Y aunque generalmente es un trámite instantáneo, todavía no fue autorizado por la Cancillería.