harina, ni loco: Pero la evidencia científica es escasa en no celíacos.
Por Karen Springen
Hace una década, cuando tenía 12 años, el joven actor Nahuel Pérez Biscayart hizo un dramático cambio de dieta. Tuvo que dejar de comer alimentos con gluten, una proteína presente en cereales como el trigo, la avena, la cebada y el centeno. No resultó fácil: el gluten está presente no sólo en productos farináceos, como panes, pizzas y pastas, sino que también aparece en salchichas, helados, lácteos, golosinas y hasta remedios.
Todo empezó cuando los médicos empezaron a examinar a Nahuel porque “era un gnomo, muy flaquito, con los brazos largos”, según él mismo recuerda. El retraso de crecimiento era un enigma para los médicos, que primero descartaron trastornos hormonales. Al fin, seis meses más tarde, una endocrinóloga le mandó hacer más estudios “por las dudas” y descubrió que Pérez Biscayart tenía la enfermedad celíaca o celiaquía: una afección autoinmune del intestino delgado que se origina por una reacción anormal del organismo hacia una fracción del gluten, la gliadina. El único tratamiento posible es seguir una dieta libre de gluten. “El gluten para el celíaco es como un veneno, porque atrofia las vellosidades del intestino y eso impide la absorción de nutrientes”, explica el actor.
Para Pérez Biscayart y los restantes 25.000 argentinos que tienen celiaquía y lo saben (se calcula que por cada diagnosticado hay ocho que lo ignoran), mantenerse alejados del gluten es una obligación. Pero ellos no son los únicos que le escapan a esta proteína: el gluten se está transformando en un nuevo villano de las dietas. En el último año, los fabricantes estadounidenses de alimentos sin gluten facturaron US$ 2.000 millones, según la consultora Nielsen. El grupo de los devotos incluye a padres de chicos con autismo o déficit de atención e hiperactividad (ADHD), embarazadas, personas con alergia o quienes simplemente dicen sentirse bien con una dieta libre de gluten. En EE. UU., de 15 a 30 millones de consumidores compran esos productos, destaca Cynthia Kupper, directora ejecutiva de la ONG Gluten Intolerance Group. “Es un mercado mayor que el de la población celíaca”, dice.
Pero ¿cuán saludable es la tendencia? “Hasta donde yo sé, la enfermedad celíaca es la única indicación para una dieta libre de gluten”, señala el gastroenterólogo Peter Green, director del Centro de la Enfermedad Celíaca de la Universidad de Columbia (Nueva York). “No hay evidencias científicas que respalden su utilidad en autismo, ADHD u otras dolencias”, agrega, aunque admite que pacientes sin celiaquía a menudo notan una mejora en un espectro amplio de síntomas digestivos o neurológicos cuando empiezan a evitar el gluten.
Aún sin respaldo científico, muchas familias de chicos con autismo le dicen “no” a la proteína. La teoría es que los jóvenes autistas podrían tener un “intestino débil”, que permitiría que algunas toxinas de alimentos que contienen gluten pasen al cerebro y causen problemas, dice Peter Bell, vicepresidente ejecutivo de Autism Speaks. El propio hijo de Bell es un “no respondedor” al tratamiento, pero, de manera anecdótica, asegura que entre un 20 y un 40 por ciento de los chicos parecen reaccionar de manera favorable. De América Latina, la principal promotora de este enfoque es Leticia Domínguez, una estomatóloga mexicana radicada en Kansas, mamá de una hija con autismo y de otro con déficit de atención, que fundó y dirige la Liga de Intervención Nutricional contra el Autismo e Hiperactividad (LINCA). “La dieta no cura pero mejora mucho la conducta”, predica.
Los investigadores se muestran comprensivos, aunque escépticos. “Si fuera el padre de un chico con autismo, haría cualquier cosa para ayudarlo”, desliza Alessio Fasano, gastroenterólogo pediatra de la Universidad de Maryland. “Sin embargo, no existe ninguna base científica para justificar una dieta libre de gluten”. Y explica que la enfermedad celíaca está presente en el uno por ciento de la población general y quizás sea dos veces más frecuente en niños autistas, por lo que aqueja como máximo a un 2 por ciento de ellos. En cambio, la proporción de afectados es más amplia y llega a 10 por ciento entre los pacientes con diabetes de tipo I y síndrome de Down.
En todo caso, es poco probable que una dieta sin gluten afecte la salud: los nutricionistas por lo general desalientan los alimentos procesados y promueven los vegetales. Pero ningún fanatismo es bueno. El gastroenterólogo Green no cree que sea necesario “torturar a los chicos innecesariamente”. Coinciden Adrián Cogliano, Gabriel Saban y Matías Sánchez Bolla, integrantes del grupo de rock argentino Los Celíacos (
www.losceliacos.com.ar), que no tienen la enfermedad pero apoyan la causa mientras preparan su primer CD, “Sin gluten”: “Tratamos de comer sano, pero empezar a comer sin gluten de un día para otro sería un cambio de hábito muy fuerte”, admiten. n