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Juan Martín Del Potro

“Busco el prestigio, la fama y la gloria"

Genuino: Del Potro da todo en la cancha, pero es sincero y sereno fuera de ella.
Genuino: Del Potro da todo en la cancha, pero es sincero y sereno fuera de ella.
19-11-2008 /  En esta esntrevista exclusiva el tenista habla sobre Dios, las presiones, Nalbandian, y su relación con el dinero.
Por Sebastián Fest

Juan Martín Del Potro engaña. Cuando impacta la pelota a tres metros de altura y la hace volar como si nada a 230 kilómetros por hora, alguien podría recordar aquellos bombarderos impiadosos, esos mecánicos tenistas que a principios de los ‘90 aburrieron en el circuito ganando a puro ace. Pero no: Del Potro engaña. También lo hace cuando se refiere a los calzoncillos de Rafael Nadal, aquellos que habría de arrancar de los rincones más íntimos de la humanidad del número uno del mundo. Engaña y le gusta.

El jugador, que comenzó 2008 con la espalda rota y lo termina jugando el Masters de Shanghai y como nuevo héroe del tenis argentino, está lejos de ser un tenista aburrido con el saque como único argumento. También es lo opuesto a una estrella soberbia y maleducada. Si hubiera que encontrarle un alma gemela en el fútbol, quizá Del Potro sería el Javier Mascherano del tenis: da todo en la cancha, pero fuera de ella mira sereno, ofrece respeto al interlocutor y transmite genuina sinceridad. Del Potro habló con NEWSWEEK en París, hace pocos días, cuando se disputaba el Master Series en la capital francesa. Y conversó de todo: de su familia, de tenis y de su relación con David Nalbandian. Del Potro y Nalbandian se llevan aparentemente bien, aunque sus personalidades sean opuestas. Hosco y soberbio muchas veces, Nalbandian es la carta ganadora de una Argentina que, desafiando a su historia, apuesta a una superficie veloz y un estadio techado para ganar lo que Guillermo Vilas y José Luis Clerc no pudieron.

- NEWSWEEK: ¿Cómo manejás el hecho de llegar al equipo de manera tan explosiva teniendo unos cuantos años menos que Nalbandian?

- Del Potro: Yo dentro del circuito sé quiénes son mis amigos y quiénes no. Tengo muy buena relación con todos. Con David quizás es un poco especial, yo siempre dije cuando me preguntaban si quería pasarlo en el ranking que nada que ver, que yo juego por mí, y lo que menos quiero saber es si estoy adelante o detrás de él. Para mí él en Copa Davis es indiscutible, es un referente, tiene mucha personalidad, y eso es bueno para momentos difíciles en los que hay que bancársela. Me parece bien que quiera ser el que maneje todo, porque hizo méritos. Yo no le quiero arrebatar nada, me tocó a mí en Rusia ser el “salvador“, pero sin él y los otros del equipo tampoco podríamos haber ganado. La Copa Davis es un tema delicado, pero acá el que siempre jugó y dio cosas importantes es él.

- Empezaste el año con la espalda rota y podés terminarlo ganando la Copa Davis. ¿Te gusta, te motiva, te inquieta?

- Me motiva y me da más ganas. Arrancar un año de la peor manera y saber que metiendo podés cambiar todo. Quizás este año es muy, muy loco, porque nadie pensaba, ni yo, ni vos, que iba a pasar lo que pasó.

- En España hay cierto temor al ambiente que pueda generar el público argentino en Mar del Plata. ¿Es necesario un mensaje de los jugadores hacia los espectadores para que todo discurra en calma?

- Creo que los españoles piensan que los espectadores argentinos son animales, que les van a tirar piedras. El público argentino siempre es muy respetuoso, y no hace otra cosa que alentar. Jugar en una plaza de toros como se hace en España, con más de 20.000 personas, no es fácil. La gente va a disfrutar de la Copa, no a generar problemas ni a hacer sentir incómodos a los rivales. Por eso ellos se tienen que quedar tranquilos. Nosotros tampoco queremos problemas.

- Hablemos de tu infancia. ¿Cuál es tu primer recuerdo de una raqueta?

- Mi imagen es la de una pelota de fútbol, de una raqueta no tengo nada... Me la regalaron, y yo la andaba arrastrando todo el tiempo, era más chiquito que la raqueta. No sabía ni para qué era, tenía unos tres años, era una Wilson gigante. Yo iba pateando la pelota de fútbol y arrastrando la raqueta...

- Tenés 20 años y tu familia apenas te ve. ¿Cómo lo viven?

- Mi papá trabaja en el campo, mi mamá es profesora de literatura y mi hermana va al colegio. Cada uno tiene sus obligaciones, yo no me meto en sus cosas, ellos no se meten en las mías. Pero para un padre es feo tener un hijo tanto tiempo fuera de la casa, por eso, más que apoyarme y tratar de que esté contento, no hacen otra cosa.

- ¿Te gusta la vida de tenista?

- Sí... Creo que no nos podemos quejar de nada: estamos en hoteles de primera, nos llevan en Mercedes-Benz para todos lados, nos atienden como reyes. Si decimos que es un poco sacrificado es injusto. En todo caso, sí, estás mucho tiempo lejos de tu casa, tenés que levantarte temprano para entrenar. Pero, bueno, son gajes del oficio.

- En tres años como profesional ya sumás casi US$ 2 millones de ganancias en el circuito. ¿Cuál es tu relación con el dinero?

- Ninguna. Yo no juego al tenis por la plata, eso lo tuve siempre claro. Ni siquiera soy yo el que va a cobrar el dinero en cada torneo, va mi entrenador o mi preparador físico. Ni pregunto. Sé que gano plata y que ganamos bien los tenistas, pero para nada. A mí, en este momento lo único que me interesa es cumplir mis sueños en el tenis.

- Es un tema del que se ocupa tu padre...

- Sí... Pero es que cada vez que termina un torneo y que hay que cobrar, no voy yo. Si yo estuviera solo... Me pasó en Tokio, me olvidé de cobrar. Me fui sin cobrar. No pasa nada, porque la ATP después te manda el dinero. Pero yo ni pienso, me olvido... No juego por la plata, y no pienso “si ganaba este partido ganaba US$ 10.000 más”. Sería una presión terrible. A mí me gusta jugar al tenis y hacer bien las cosas dentro de la cancha. Juego por tres cosas que te da el tenis: prestigio, fama y gloria. Esas tres cosas son las que me gustaría tener con el tenis.

- ¿Creés en Dios?

- Sí.

- Tras muchos partidos te hacés la señal de la cruz. ¿Es en todos o sólo en los especiales?

-  No, en todos, en todos.

- ¿Por qué?

- Porque es algo familiar... Yo tengo una hermana que me cuida desde arriba cada vez que juego.


La entrevista se interrumpe, porque Del Potro se emociona y prefiere no hablar más del tema. Más tarde, ya sin grabador, hablaría de lo doloroso que es para él recordar la muerte de su hermana. Su agente de prensa, el español Benito Pérez Barbadillo, llega para hacer una broma, y Del Potro suspira: “Mejor, así cambiamos de tema”.

Y ahí vuelve el Del Potro más genuino, el “tenista de campo” que sólo quiere seguir lo que haga Boca y pasarla bien con la familia y los amigos. El nuevo héroe del tenis argentino parece estar lejos de Guillermo Coria, otro jugador que prometía mucho, tan conocido por su talento como por sus trucos psicológicos en la cancha. Un tenista que, en su época de mayor gloria, entre 2003 y 2004, se negaba a hablar en inglés con la prensa internacional pese a ser el número tres del mundo. Quería —lo mismo pretendía al jugar— hacerlo perfecto. Esa presión autoimpuesta lo hundió, algo que parece difícil que le suceda a Del Potro.

- Tu inglés es prometedor, se te ve bastante más cómodo que otros jugadores argentinos a tu edad. ¿Cómo llegaste a eso?

- Hablando, de cararrota. Estudiaba de chico en el colegio porque sabía que era importante, pero después me empezó a dar fiaca y no tenía tiempo. Pero escucho, leo... Escucho mucho y trato de aprender. Mucha gente habla mejor o peor que yo, pero yo hablo. La gente sabe que estás haciendo esfuerzos por comunicarte.

- ¿Qué te gusta de los argentinos y qué no te gusta, ahora que ves al país y a su gente a la distancia?
(Se ríe, fuerza el acento argentino y responde rápido). “¡Somos los mejores!”. Eso es bien de argentino. (Vuelve a reír). Para mí, mi país es el mejor, yo no viviría en otro lugar. Es feo que haya un poco de inseguridad, que no tengamos un país del Primer Mundo. Pero hay gente especializada en hablar de esos temas, no yo.

- En la Argentina los héroes suben y bajan muy rápido, ¿sos consciente de eso?

- Claro, un día sos el mejor y al otro día sos el peor. Pero a mí no me importa ser el mejor. Me importa estar bien con mi familia y mis amigos, la gente que está en las buenas y las malas y a la que le da igual si juego al tenis o al básquet.

- ¿Te sentís mayor de lo que sos?

- Sí, creo que sí. A veces me siento un poco viejo, pero no. Hay situaciones en las que pienso que soy más grande y me doy cuenta de que soy un boludo de 20 años. Y está bueno, porque tengo 20 años y ya me perdí muchas cosas de adolescente. Por eso cuando me junto con mis amigos somos unos cuantos boludos de 20 años...              n
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Comentarios (4)
noe
16:33 hs.
26.11.2008
estoy completamente en desacuerdo con lo q dice la señora graciela... q le operen el cerebro???... me parece q estamos exagerando un poco... ojala q el año q viene le pueda cerrar la boca a todos los q estos dias le estuvieron tirando tierra y hablando tan mal de el, cuando hace dos meses decian q era un heroe. GRANDE JUAN!!!! SOS MI VIDA!! BESO!!!
cecilia
16:37 hs.
25.11.2008
me parece una falta de respeto lo qe decis graciela porque del potro tiene varios años menos que david y es claro qe daviv tiene mas trayectoria pero juan martin esta aprediendo y creo que lo hace bastante bien como para tener 20 años to con 13 años los apoyo y el va a ser el mas grande para mi mas alla de que este el que este y a pesar de qe rafa sea el nº1 para mi juan martin es el mejor del mundo lejos pero al mismo tiempo apoyo al equipo argentino qe juega al tenis pqe son unos capos jugando
tanito
15:54 hs.
24.11.2008
Que mufa esta tapa!!!!
graciela
11:29 hs.
24.11.2008
"Querido", vos no podés hablar de Dios, etc.,etc., ni mucho menos de Nalbandian (de quien debieras aprender y mucho) y no es necesario que digas que buscás el dinero y la fama. Pero ¿sabés una cosa?, siendo apátrida, cagándote en tus compatriotas que ilusionados fueron a verte y en tus compañeros, lo único que queda claro es que no servís como ser humano. Que Dios te ayude y te ilumine. Seguí jugando que eso al menos lo hacés bien. Y operate las uñas y si podés también el cerebro.
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