¿Qué parte de la economía no es real?
En los últimos meses se escucha, aquí y allá, que la crisis financiera está afectando a sectores de la “economía real”. ¿A qué obedece este latiguillo un tanto bobalicón que recuerda a aquel otro según el cual una persona de buen corazón es ”humana”? Una persona más dura… ¿no lo es? ¿Es un alien?
Toda manifestación de la economía es real ya que transcurre en la misma unidad de tiempo y espacio que nuestra propia vida. Es más, los sueños son reales, puesto que, antes que ninguna otra cosa, son.
El latiguillo “economía real” se utiliza para ocultar, contrario sensu, el carácter especulativo, improductivo y aventurero que son denominadores comunes de las maniobras financieras. Pero el hecho de que sean actividades especulativas no las vuelve irreales.
Traducido al lenguaje corriente, “economía real” significa economía productiva (fábricas, campos, comercio, servicios), que sí es diferente de la economía improductiva. Una empresa que gana dinero vendiendo dinero no es lo mismo que otra que lo gana vendiendo alimentos o maquinarias.
¿Se ha preguntado, lector, por qué todas las crisis se inician en el sector financiero? Las crisis no se inician porque se produzca demasiado (crisis de superproducción) sino porque se consume poco (crisis de demanda). O dicho de otro modo, se produce mucho cuando se vende poco.
La crisis de demanda sobreviene cuando explota la gigantesca burbuja especulativa que durante años fabricó centenares de millonarios. ¿Cómo? A fuerza de especular y engañar al prójimo con derivados… de derivados… de nada. Humo. Humo… y fuego.
En esa hoguera en la que se quemarán todos esos valores ficticios arden las acciones, los bonos, los papeles de todo tipo, incluso los papeles que denominamos dinero. Y se contrae o desaparece el crédito. Y cae la demanda. Y aunque no se produzca más, se vende menos. Y la recesión llega para quedarse. La Bolsa, otrora una fábrica feliz de millonarios, se convierte ahora en una atroz productora de pobres. Y los desempleados empiezan a acumularse por cientos de miles.
El dolor real de millones de personas que se están quedando sin empleo, sin casa, merece, al menos, ser respetado. Hablar de economía real para barrer a la especulación financiera bajo la alfombra se parece demasiado a un insulto. Los resultados de la especulación sin regulaciones son descarnadamente reales y están a la vista.