Por Mauro Fulco
mfulco@revista7dias.com
En la tribuna, el “trapo” era elocuente. “Orgullosos de vos. Te queremos”. Firma: Gianluca, Giovanni y Giuliano, los hijos de Diego Pablo Simeone. Además de esas firmas tan especiales y esperadas, un nombre acompañó la manufactura de la bandera: Caro. Sí, con apócope. Su mujer, Carolina Baldini –a pesar de las fotos y los rumores de estos últimos tiempos– salió a bancar a su marido en un mal momento deportivo. Frente a todo el estadio Monumental y las cámaras de televisión, la escultural morocha apoyó al “Cholo”, que parecía haber caído en desgracia. Pero nunca se sabe. No con ellos.
Es que hace apenas dos semanas volvieron a salir a la luz unas fotos de ella junto al bañero Fabián Orlovsky, de quien asegura que son “sólo amigos”. Primero fue en San Bernardo, luego en México y ahora en Brasil. Sol, playa y trajes de baño. Imágenes que si bien no son comprometedoras, al menos son perturbadoras para el técnico de River, y para cualquier marido al que le importe la opinión pública. Ni qué hablar de un hombre tan expuesto; alguien que debe soportar el ingenio cruel de las hinchadas rivales.
Pero lo que se presagiaba como una tormenta marital, el domingo, en cancha del Millonario, tornó el pronóstico a nublado. Habrá que ver cuánto demora esta controvertida pareja en convertir los presagios en soleados o espléndidos.
Es que el matrimonio Baldini-Simeone acostumbró al público argentino a las indefiniciones, a las dudas. Si fuera un pronóstico meteorológico, recomendarían salir con paraguas, suéter y pantalón corto, sin olvidar el bronceador.
“Que si vengo, que no voy, que si estoy que me pierdo”. Una historia que parece extraída del estribillo del “Bolero falaz” que supieron cantar los Aterciopelados colombianos allá por comienzos de los noventa. Separados, juntos, más juntos, separadísimos. Fotos de ella con otro hombre símil He-Man, tibias explicaciones. Cuando la ruptura resuena como un hecho consumado para chimenteros y señoras, la pareja reserva mesa en un exclusivo restó a la luz de las velas. Cuando surgen a la luz fotos del bañero en zunga capeando una ola junto a ella, al poco tiempo se ve a Simeone y Baldini en algún evento social. Juntos y abrazados, posando. Un caso de histeria importante.
Por momentos, Baldini explicó la relación que la une a Orlovsky. Habló de amistad de años y prometió que no iba a dejar de verlo, aunque sonara fuerte. La frase que elegía para explicarse era ambigua, como toda la situación. Después de algunas desmentidas luego confirmadas, ella le decía a 7 DÍAS: “Lo único que importa es lo que sentimos Diego y yo”.
Ahora prefiere el silencio. Atendió su teléfono con cordialidad y buena educación, pero se negó a responder cualquier pregunta. La consulta no estaba orientada a las fotos brasileñas. No otra vez. La duda surgía por la bandera que la familia colgó el domingo en la cancha, donde el “Cholo” pudo revertir una situación que parecía insostenible. Si bien había anunciado que sería su último partido después del increíble empate en México, la gente salió a respaldarlo y a pedirle que se quedara. Imprevisto, el público riverplatense aplaudió al DT, que se sintió respaldado por su gente. Y con la bandera familiar, el “su gente” adquiere otra significación, que abarca no sólo lo deportivo y lo personal, sino también lo amoroso, tema que desvela a muchos, sobre todo a quienes no
contemplan grises a la hora del amor.