responsables. Aunque sobraron pruebas, bastó que al Congreso llegaran informes de que North actuaba en una misión de la CIA para que nunca pisara la cárcel.
El mismo Congreso estadounidense vota anualmente un presupuesto millonario para operaciones encubiertas que sólo son ordenadas por el jefe de la Casa Blanca, es decir el presidente en ejercicio. Uno solo de los sectores de la Compañía –como se la llama, como si CIA fuera el acrónimo de compañía– el Grupo de Operaciones Proactivas y Preventivas (P2OG) tiene un presupuesto de 100 millones de dólares anuales y su objetivo es “empujar a grupos terroristas a cometer actos de violencia”. Ese grupo fue creado por Donald Rumsfeld, y lo publicó en “Los Angeles Times” el periodista de investigación William Arkin. Esos grupos de la CIA, con dinero público estadounidense, están autorizados a hacer sabotajes, asesinatos o montajes de operaciones que avalen la intervención militar de los Estados Unidos.
Para los operativos, lógicamente, se valen de armas que no estén en la nómina de las usadas por los militares “legales”. El viejo esquema de “combatir el terrorismo” una vez que se lo provoca le permitió a Oliver North, en vez de ir a la cárcel, conseguir un trabajo en la Fox News Channel del magnate Rupert Murdoch, amigo de Rumsfeld y concesionario, entre otras, de la única cadena de televisión privada en el Irak invadido.
La cifra del dinero que circula en negro en el mundo, producto del entramado de plata proveniente de las drogas, las armas y la corrupción política es alarmante: 700 mil millones de dólares anuales, el equivalente a lo votado recientemente por el congreso estadounidense para el salvataje financiero.
La Argentina de los indultos y de los ex represores de los grupos de tareas al frente de las agencias de seguridad privadas, de la voladura de la fábrica de explosivos de Río Tercero, del atentado al helicóptero peruano en pleno campo de Polo de Palermo, es una Argentina que atravesó una dura condena social, la denuncia periodística y también, es fundamental remarcarlo, cambió de signo en el rumbo político del Gobierno desde mayo de 2003. Los responsables y ejecutores deberán pasar a la etapa del castigo judicial.
Pero sería ingenuo que el castigo se quede en cuántos cañones o kilos de pólvora traficaron, sino quedan al descubierto los verdaderos manejos de poder que encierran-
El panorama actual.
Es verdad lo que dice Cristina Kirchner respecto de que este país está preparado para afrontar la crisis, más allá de que los vaivenes hacen impredecible la magnitud del daño que puede causarnos la recesión internacional. No sólo porque desde 2003, el país acertó en el rumbo de la política económica y porque le otorgó al Estado un rol activo. También hay que remarcar que la cultura política cambió de signo: el sueño (norte)americano no ingresa con tanta facilidad en la piel de los ciudadanos de a pie, fue demasiado despiadado el resultado social de los noventa como para olvidar la lección.
No es un dato menor que el presidente de Brasil, Lula, esté en Nueva Delhi conversandocon mandatarios y líderes políticos que se dan cita para deplorar la cumbre de Davos –en Suiza–, un encuentro destinado a maquillar el modelo al cual concurrían los presidentes argentinos hasta 2003. Allí, Lula dijo, sin vueltas, que la crisis es resultado de un casino especulativo y que no son los pueblos quienes deben pagar. Cuando Cristina Fernández dijo hace pocas semanas, en Nueva York, que era imperioso avanzar en un nuevo Bretton Woods –refiriendo al tratado que en 1944 consagró al dólar como moneda de comercio internacional–; algunos lo interpretaron como una osadía propia de un mandatario de un país periférico. Sin embargo, ahí está el corazón del conflicto. O se avanza en un rumbo distinto, con acuerdos que incluyan a las naciones y los pueblos y no sólo al G-7, o el mundo puede vivir una catástrofe.
La comunicación del