Buenos Aires Económico
Por Aldo Ferrer

De la crisis global al nuevo orden económico mundial

16-10-2008 /  El regreso a las fuentes del estructuralismo latinoamericano.
Aldo Ferrer | Director Editorial
Aldo Ferrer | Director Editorial
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad, el sistema monetario y financiero internacional soportó varios episodios críticos. Tales, por ejemplo, la crisis de la deuda externa latinoamericana a principios de la década de 1980 y, más tarde, la del “Tequila”, la rusa y la de países asiáticos, la estrepitosa caída de las acciones puntocom y la insolvencia de algunas entidades financieras. Sin embargo, en ningún caso, como en la actualidad, una conmoción del mundo del dinero provocó colosales pérdidas de riqueza virtual. Entre principios de octubre del 2007 y del 2008, las pérdidas de las Bolsas de todo el mundo superan los 27 billones de dólares, equivalentes a dos veces el PBI de los Estados Unidos y al 40% del mundial. Ahora, el desbarajuste tiene consecuencias globales de vasto alcance sobre el funcionamiento del sistema monetario y la producción y el comercio mundiales.

En efecto, en la actualidad, la crisis compromete la solvencia de las principales entidades financieras de los países centrales, interrumpió las operaciones interbancarias y alteró las corrientes de crédito para el funcionamiento de las transacciones económicas. Al mismo tiempo, la drástica caída de la riqueza virtual expresada  en los valores de las acciones y los activos financieros, genera un cuadro de incertidumbre y disminución del consumo (concentrado en bienes no esenciales y los durables) y, como consecuencia, en la inversión y el comercio internacional.

El único componente de la demanda agregada no deprimido por la crisis es el gasto público, lo cual, no es un dato menor. Recuérdese que en los países centrales representa, en promedio, alrededor del 40% del PBI y constituye, bajo los manes redivivos de Lord Keynes, el instrumento decisivo que están empleando las gobiernos de las principales economías del mundo para rescatar del caos al mundo dinero y, a continuación, como seguramente pronto lo veremos, para sostener la demanda efectiva y evitar una contracción generalizada de la actividad económica y el comercio internacional.  

¿Qué cabe ahora esperar del comportamiento del orden mundial? Una consecuencia inmediata de la crisis es la reaparición del Estado y las políticas públicas como protagonistas esenciales en el comportamiento de la economía en los países centrales.  Se cierra así el ciclo iniciado con el cambio de rumbo de la política económica de esos países provocado por la primera crisis del petróleo de  1973 y el aumento de la inflación. Las reformas promovidas, en la década de 1980, por el presidente Reagan en los Estados Unidos y la Sra. Thatcher en el Reino Unido, consolidaron la hegemonía neoliberal y el endiosamiento de los mercados como depositarios de la racionalidad económica y el desarrollo económico. Esta tendencia en la política de los centros proyectó el paradigma neoliberal a la América latina bajo el Programa del Consenso de Washington.

Fue, en esa etapa, que se generalizó la desregulación de los mercados financieros que culminó en la formación de un gigantesco casino de alcance planetario. Recuérdese que de los más de 2 billones de dólares que se transan por día en los mercados cambiarios, el 95% corresponde a operaciones especulativas de capitales de corto plazo. Esto concluye, ahora, con el descalabro del mundo del dinero.

Es a partir de esta presencia masiva del Estado que los países centrales están enfrentando el tsunami financiero internacional. Los Estados Unidos aprobaron un programa de salvamento de 700.000 millones de dólares y el Reino Unido de 867.000 millones, relativamente varias veces mayor que el norteamericano atendiendo a la dimensión de las  respectivas economías. Desde un extremo a otro del planeta y desde los economías centrales hasta las emergentes, como China, los países están actuando masivamente para rescatar a las entidades comprando activos “tóxicos” y  capitalizándolas (con lo cual, en varios casos,  las entidades son nacionalizadas), con el objetivo de  restablecer las corrientes de crédito interbancario y el crédito al consumo y la producción.

La baja concertada de la tasa de interés apuna en el mismo sentido. Es previsible que estas acciones restablecerán  la confianza al amparo de las garantías del Estado a las operaciones financieras y que la calma de los mercados se recupere antes de fin de este año, en el contexto de nuevos marcos regulatorios y de la “digestión” de la colosal pérdida de riqueza virtual y de transferencias patrimoniales. Con la propensión a la euforia como al pánico de los mercados, es incluso posible una notable recuperación de los valores antes de fin de año y, consecuentemente, una sustancial reducción en la magnitud de los programas de salvamento necesarios.

A diferencia de la crisis mundial de la década de 1930, el caos actual del mundo del dinero no arrastrará al abismo a la producción y el comercio mundiales ni desorganizará las normas internacionales que regulan el comportamiento del sistema global. La interdependencia de las principales economías es de tal magnitud que, actualmente, es inconcebible que cada país siga la política de “sálvese quien pueda” como en la década de 1930 y, consecuentemente, provoque, como en aquel entonces, el colapso de la  producción, el empleo y el comercio  y la desorganización generalizada de las transacciones internacionales.

Pero, de todos modos, el tsunami financiero internacional actual contagiará a la economía mundial real, en magnitudes todavía inciertas. Un hecho es claro y es que, resuelto el pánico y restablecida la calma en los mercados financieros, los gobiernos de los principales países aplicarán a fondo las políticas de sostenimiento de la demanda efectiva. Keynes, el New Deal del presidente Roosevelt y las normas del “estado de bienestar”, volverán a ser recordados como antecedentes insoslayables de las políticas previsibles de ahora en más. La inversión pública y el gasto social volverán a recuperar protagonismo en las políticas de las principales economías del mundo.

Si esto fuera así, habrá una desaceleración pero no caída profunda de la actividad económica y comercio mundiales y el efecto se sentirá más en los bienes y servicios no esenciales, como la industria automotriz y los bienes de consumo durables. En tal caso, si hay ajuste de precios en los commodities, se sentirá más en los minerales que en los alimentos. Los nuevos niveles de consumo alcanzados en Asia, que es la principal causa estructural del aumento de los precios de la soja y otros bienes de la cadena agroalimentaria, difícilmente se reduzcan aún más, al menos, en magnitud realmente significativa.

Pasada la crisis, se verá que siguen en pie los mismos problemas anteriores al tsunami financiero actual. Vale decir, las asimetrías en el desarrollo de los países y su capacidad de gestionar el conocimiento, las agresiones al medio ambiente, las amenazas a la paz y la seguridad internacionales. Es posible aunque poco probable, sin embargo, que los grandes países  saquen conclusiones de estos hechos y observen que, con esfuerzos muchísimos menores que los empleados para rescatar al sistema de sus propios problemas, sería posible poner en marcha programas de cooperación internacional decisivos para acabar, en plazos históricos breves, con las calamidades que azotan a centenares de millones de seres humanos y, en ese contexto, contribuir a erradicar la violencia, el narcotráfico y otras azotes observables en el mundo contemporáneo.

ENSEÑANZAS. ¿Qué enseñanzas nos dejan los acontecimientos actuales a países en desarrollo, como la Argentina y los otros de América latina?  En cierto sentido, nada nuevo. Concluir que para defenderse de las turbulencias externas es preciso tener la casa en orden, es decir, operar con sólidos equilibrios macroeconómicos en las finanzas públicas y los pagos internacionales. Concluir, también, que el desarrollo económico sigue siendo lo que siempre fue, es decir, la construcción de cada sociedad, en su espacio nacional, de las sinergias esenciales para desplegar su potencial de recursos, generando y asimilando el conocimiento disponible.

Vale decir, que los acontecimientos actuales vuelven a demostrar el papel fundamental de la densidad nacional de los países para vivir con lo suyo, abiertos al mundo, en el comando de su propio destino. Así como Keynes vuelve al Norte, aquí, en el Sur latinoamericano, vuelven Raúl Prebisch, Celso Furtado y los otros fundadores del estructuralismo latinoamericano, como referencia esencial para enfrentar con éxito los desafíos que plantea la emergencia de un nuevo orden mundial posactual tsunami financiero global.

Aldo Ferrer | Director Editorial de Buenos Aires Económico
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Comentarios (3)
WALTER PALPAN
14:01 hs.
16.10.2008
los importadores son los más beneficiados con estas consecuencias (adquisición de dólares baratos). Aquí solo tenemos algunas de las consecuencias y al parecer se retomaría nuevamente la situación de la devaluación del dólar, pero ahora con unas medidas de prevención ya adquiridas por el Gobierno y el sistema financiero. Nos queda esta incertidumbre que aún no se puede anticipar. Walter Palpán Estudiante de Economía USMP Lima Perú
WALTER PALPAN
13:55 hs.
16.10.2008
si bien es cierto son los exportadores los que serán mas afectados con tal decisión por que al tener una alta demanda de sus productos también se espera que se desabastezcan por tal demanda y consecuentemente subirán sus precios, esta subida afectará no solo al consumidor interno (como el más afectado por la asimetría en el ingreso real respecto del consumidor extranjero) si no también al externo, y es allí donde los exportadores serán uno de los intermediarios de tal consecuencia. Mientras que
WALTER PALPAN
13:47 hs.
16.10.2008
Es posible que si algunas de las consecuencias (como despues de los intervencionismos estatales) lo único que se espera es una reactivación de la economía, posterior a esto inflación que es un 90% seguro que ocurrirá, y nuevamente la aplicación de la política monetaria para el control del mismo, otra consecuencia es la capacidad adquisitiva del dólar que bajará en los países donde tenga relación comercial directa, osea los precios subirán para los americanos importadores y grandes demandantes.
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